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DE INTERES : Diana Krall , sexy y retro

Por: Matías Uribe
Fecha: 2012.10.23
Fuente: Internet

    Que los puristas del jazz cierren los oídos porque no hay otra, vamos que, como ella dice, ‘hago simplemente música’ y, por tanto, pese a que sus primeros discos sonaban a jazz clásico, con Nat King Cole o Fats Waller como inspiradores, y hasta en el 99 ganó un Grammy como mejor voz jazzística, o que uno de sus mejores álbumes, ‘From This Moment’ (2006), rezumase clasicismo orquestal, la canadiense no quiere encasillarse en estilo alguno. Así que en sus discos lo mismo puede escucharse jazz como bossa, pop… y hasta villancicos.
    Ahora, quitándose todo tipo de ropajes encorsetadores –y bien que viene al caso la explícita portada del disco-, Diana Kral (Nanaimo, Canadá, 1964) se ha ido hasta los años 20 y de allí, rebuscando en los discos a 78 r.p.m. de su padre, ha sacado las trece piezas que configuran sus reciente disco, ‘Glad Rag Doll’, otra delicatessen para sus muchos seguidores.
    El disco va del swing de aquellos años al hillbilly o a la sensualidad de los cabarés. ‘I’m Little Mixed Up’ es el tema más vigoroso, un latigazo rockabilly que al igual que la conocida pieza de Doc Pomus, ‘Lonely Avenue’ (soberbia versión de Eric Burdon con los Animals del retorno en 1977), flotan con brío en ese mar sereno de sedosas interpretaciones llenas de swing y seducción vocal. Y es que oír cantar a esta Venus rubia en disco o en directo es una de los regalos más delicados que uno puede hacerse. La recuerdo en la sala Mozart en 1999:
“Lanza las sílabas al aire –escribía entonces en el Heraldo de aquel concierto- y las deja suspendidas en el vacío para luego ir dejándolas caer suavemente como un copo de nieve lleno de sonido, frasea con una delicadeza suprema y su timbre siempre encuentra la nota justa, por arriba o por abajo, pues aun siendo voz susurrante y dolida no se le escapan las zonas más recónditas de la escalera tonal. Una voz, en el aspecto formal, que no busca la espectacularidad sino la justeza y la elegancia, esquinando los scatts y toda pirotecnia gratuita”. Es lo que sigue haciendo. Y, pese a quienes la acusan de venderse al ‘mainstream’, es todo un masaje para los oídos que ni en un anuncio de Planeo.
   Nota importante en este nuevo disco es que no se ha limitado a reproducir el pasado al pie de la letra sino que ha traído a la modernidad aquellas canciones con algunos arreglos deslumbrantes, especialmente de guitarra. Basta oír la mentada ‘Lonely Avenue’ y la alfombra de experimentalismos guitarrero que le tiende el gran Marc Ribot. Si a todo eso se añade esa portada tan sensual que encierra estas trece canciones –portada que, por cierto, no ha sido un capricho para mostrar dermis y lencería fina, sino para seguir la tradición de aquellas estrellas de variedades de los años 20- pues ya tenemos uno de esos discos que
duran semanas y semanas al lado del giradiscos (hay versión en vinilo)...

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