D'Cuba Jazz
Sábado, 28 de Agosto, 2021
Michel, nos permite disfrutar esta vez de unos solos alejados de los intensos acordes de su estilo jazzístico apasionado, veloz y acrobático, para dar paso a las notas de un Michel romántico, mas no melancólico. Alegre como es él, lleno de entusiasmo como siempre, pero más sereno y contemplativo. Le vemos disfrutar de la vida y de la música mientras pasa, dejando fluir, liberándose un tanto de la técnica rigurosa ya aprendida hace años.
Los recursos aprendidos del clásico y del jazz, su amplio vocabulario musical, sumado a la gran experiencia de Danny Rivera, nos conjuga en una noche a un Michel sentido y contundente, con ese sonido inconfundible de un piano acústico. Desde esta fila tan próxima a proscenio, he iniciado los aplausos para los inolvidables y significativos solos de Michel
Camilo.
Es el silencio el que antecede y entonces, exclamo: ¡Qué pieza! Cuando simplemente asoman los acordes de “Adiós Nonino”, composición de Astor Piazolla en ocasión de la muerte de Nonino, padre del argentino que universalizó y sacó de los burdeles el tango para meterlo en los teatros. Nada más apropiado para la ocasión. Con notable entrega, Michel se dejó llevar de las profundidades nostálgicas de esta pieza, se dejó llevar de sus silencios y les dio valor, entre notas y acordes de intenso sentir y grato deleite. La interpretación fue para la historia.
Danny esta noche ha danzado algún que otro tango. Ha jugado más con los graves que con los agudos de su voz. Ha subido y bajado la escala, alejándose de esos tonos agudos que no le favorecen y recurriendo a esos falsetes que forman parte de su estilo y que le
sientan tan bien. Apegado a la lectura de su apuntador electrónico al frente, Danny es siempre Danny. Esa noche está mejor su voz, quizás está más concentrado, siente más la
necesidad de prestar atención por el acompañamiento que tiene.
“Sueño imposible”, “El día que me quieras”, “Volver”, de Alfredo Lepera, inmortalizado por Gardel, “Paraíso soñado”, de Manuel Sánchez Acosta, “Qué daría yo”, luego llegan los aires del son sobre “La comparsa” de Ernesto Lecuona, con fraseo y posteriormente, “Alfonsina y el mar”, “Madrigal”, “Amor de conuco", una versión en español de “Je ne me quitte pas”, un clásico francés de Jacques Brel. Luego vino “Recuerdos”, versión en español del clásicos como Memories”, popularizada por Paloma San Basilio en su versión en español, pero cantada en inglés desde Barbara Streisand, hasta José Carreras. Le siguieron “Tantos deseos de ella”, “Amada amante” y “Mundo” de José Antonio Rodríguez.
En una hora y cuarto se resumió el concierto que dejó temas tan esenciales en la carrera de Danny Rivera, como la Contradanza “Tú vives en mi pensamiento” y “Al nacer cada enero” o “También los hombres de rabia lloran” del dominicano Cheo Zorrilla.
El público santiaguero es tímido para aplaudir y disfrutar. Desde esta butaca cuatro de la fila A inicié religiosamente los aplausos al principio y al final de cada pieza. Es una especie de
vergüenza ajena y una deuda con los artistas que tiene uno que afrontar valientemente para que luego sigan los demás. De no ser así nos hubiéramos perdido el final.
Después vino, en regreso al escenario, “Lamento borincano”, la más hermosa canción de protesta escrita por el puertorriqueño Rafael Hernández, y “Quisqueya”, también de la autoría del jíbaro boricua. Igualmente, en este mosaico cerraron con “De dónde son los cantantes” de Miguel Matamoros.
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OTRAS EXPERIENCIAS : Danny Rivera y Michel Camilo: en recital memorable
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OTRAS EXPERIENCIAS : Danny Rivera y Michel Camilo: en recital memorable

Fecha: 2012.10.09
Michel, nos permite disfrutar esta vez de unos solos alejados de los intensos acordes de su estilo jazzístico apasionado, veloz y acrobático, para dar paso a las notas de un Michel romántico, mas no melancólico. Alegre como es él, lleno de entusiasmo como siempre, pero más sereno y contemplativo. Le vemos disfrutar de la vida y de la música mientras pasa, dejando fluir, liberándose un tanto de la técnica rigurosa ya aprendida hace años.
Los recursos aprendidos del clásico y del jazz, su amplio vocabulario musical, sumado a la gran experiencia de Danny Rivera, nos conjuga en una noche a un Michel sentido y contundente, con ese sonido inconfundible de un piano acústico. Desde esta fila tan próxima a proscenio, he iniciado los aplausos para los inolvidables y significativos solos de Michel
Camilo.
Es el silencio el que antecede y entonces, exclamo: ¡Qué pieza! Cuando simplemente asoman los acordes de “Adiós Nonino”, composición de Astor Piazolla en ocasión de la muerte de Nonino, padre del argentino que universalizó y sacó de los burdeles el tango para meterlo en los teatros. Nada más apropiado para la ocasión. Con notable entrega, Michel se dejó llevar de las profundidades nostálgicas de esta pieza, se dejó llevar de sus silencios y les dio valor, entre notas y acordes de intenso sentir y grato deleite. La interpretación fue para la historia.
Danny esta noche ha danzado algún que otro tango. Ha jugado más con los graves que con los agudos de su voz. Ha subido y bajado la escala, alejándose de esos tonos agudos que no le favorecen y recurriendo a esos falsetes que forman parte de su estilo y que le
sientan tan bien. Apegado a la lectura de su apuntador electrónico al frente, Danny es siempre Danny. Esa noche está mejor su voz, quizás está más concentrado, siente más la
necesidad de prestar atención por el acompañamiento que tiene.
“Sueño imposible”, “El día que me quieras”, “Volver”, de Alfredo Lepera, inmortalizado por Gardel, “Paraíso soñado”, de Manuel Sánchez Acosta, “Qué daría yo”, luego llegan los aires del son sobre “La comparsa” de Ernesto Lecuona, con fraseo y posteriormente, “Alfonsina y el mar”, “Madrigal”, “Amor de conuco", una versión en español de “Je ne me quitte pas”, un clásico francés de Jacques Brel. Luego vino “Recuerdos”, versión en español del clásicos como Memories”, popularizada por Paloma San Basilio en su versión en español, pero cantada en inglés desde Barbara Streisand, hasta José Carreras. Le siguieron “Tantos deseos de ella”, “Amada amante” y “Mundo” de José Antonio Rodríguez.
En una hora y cuarto se resumió el concierto que dejó temas tan esenciales en la carrera de Danny Rivera, como la Contradanza “Tú vives en mi pensamiento” y “Al nacer cada enero” o “También los hombres de rabia lloran” del dominicano Cheo Zorrilla.
El público santiaguero es tímido para aplaudir y disfrutar. Desde esta butaca cuatro de la fila A inicié religiosamente los aplausos al principio y al final de cada pieza. Es una especie de
vergüenza ajena y una deuda con los artistas que tiene uno que afrontar valientemente para que luego sigan los demás. De no ser así nos hubiéramos perdido el final.
Después vino, en regreso al escenario, “Lamento borincano”, la más hermosa canción de protesta escrita por el puertorriqueño Rafael Hernández, y “Quisqueya”, también de la autoría del jíbaro boricua. Igualmente, en este mosaico cerraron con “De dónde son los cantantes” de Miguel Matamoros.
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