D'Cuba Jazz
Sábado, 28 de Agosto, 2021
Si usted es de los que lleva cuenta de los acontecimientos cenitales de la vida musical cubana, pues en menos de dos horas el escenario del teatro Karl Marx registró dos momentos memorables: la actuación del dúo francés de piano Labeque y la incursión de Vocal Sampling en una de las obras más exigentes que haya interpretado en sus dos décadas de exitosa carrera.
Las Labeque, ya se sabía, eran la gran atracción del cartel de inicio del IV Festival de Música de Cámara Leo Brouwer. Venían precedidas por la reputación de ser una de las formaciones de este tipo más reconocidas de los últimos tiempos. Y lo hicieron saber con la fluidez y gracia de un arte en el que, virtuosismo aparte, se revela un doble compromiso con
la música y el público, con la recreación de los materiales sonoros preexistentes y la conexión emocional con el auditorio.
En un programa dedicado a figuras esenciales de la música norteamericana de los siglos XX y XXI, afrontaron, como suelen hacerlo, el riesgo de competir con referencias originales preestablecidas, sobre todo a la hora de encarar la suite de West Side Story, de Leonard Bernstein, en una versión escrita para ellas por Irwing Kostal, y en la que la base rítmica fue enriquecida por la batería del francés Raphael Seguinier y los eficaces y precisos añadidos percutivos del venezolano Gonzalo Grau, quien aportó el toque latino sin manierismos folclorizantes.
Los dos teclados crecieron en brillantez y convicción a lo largo de la Rhapsody in Blue, de George Gershwin, que rebasó creadoramente los marcos de la tópica versión concertante para instrumento solista y reducción orquestal para piano.
Pero no hizo falta llegar a Bernstein y Gershwin para quedar imantados por la excelencia interpretativa de las Labeque. Bastaría con su carta de presentación, Cuatro movimientos para dos pianos, de Philip Glass, escrita hace apenas cuatro años por uno de los compositores que ha ensanchado sin estridencias ni artificios las posibilidades expresivas
del instrumento desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, influido, como él mismo confesó, por "el vocabulario consonante" que descubrió en los años sesenta al escuchar la obra de su compatriota Steve Reich.
Ahí están sus 16 estudios, de 1999, que un crítico comparó con las Variaciones Golberg de la era contemporánea, o el Concierto para piano y orquesta (2000), estrenado por Dennis Russell Davies, el mismo que junto a Maki Namekawa hizo nacer públicamente los Cuatro
movimientos...
Las Labeque trataron con un admirable concepto del discurso sonoro (fraseo, dinámica) una partitura envolvente y sutil en la cual la percepción de la atmósfera es tan importante como la sucesión temporal. De ello, para la puesta en escena, fue consciente Brouwer al sugerir la proyección en el fondo, sobre el origami gigantesco que distingue al festival, de imágenes de Koyanitsqatsi, el perturbador filme de cuya banda sonora Glass fue autor.
Vayamos ahora a lo de Sampling. Aaron Copland compuso la Fanfarria para un hombre común en 1942 por encargo de la Sinfónica de Cincinatti, que ofrecía conciertos de aliento a la lucha antifascista en los días de la Segunda Guerra Mundial. Fue escrita, como toda fanfarria que sea tal, para cuatro trombones en Fa, tres trombones en Si bemol, tres trombones, tuba, timbal y gong. Puede entonces imaginarse el ingenio de René Baños para llevar a la voz humana, y el de sus compañeros, para transmitir con fidelidad tímbrica la partitura de Copland. Una verdadera hazaña, mucho más ardua que la de Emerson, Lake and Palmer al utilizar la misma fanfarria en su recordado tema Hoedown, de 1972.
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Hermanas Lebeque en Festival Leo Brower
NOTICIAS
Hermanas Lebeque en Festival Leo Brower

Por: Pedro de la Hoz
Fecha: 2012.10.08
Fuente: Granme
Si usted es de los que lleva cuenta de los acontecimientos cenitales de la vida musical cubana, pues en menos de dos horas el escenario del teatro Karl Marx registró dos momentos memorables: la actuación del dúo francés de piano Labeque y la incursión de Vocal Sampling en una de las obras más exigentes que haya interpretado en sus dos décadas de exitosa carrera.
Las Labeque, ya se sabía, eran la gran atracción del cartel de inicio del IV Festival de Música de Cámara Leo Brouwer. Venían precedidas por la reputación de ser una de las formaciones de este tipo más reconocidas de los últimos tiempos. Y lo hicieron saber con la fluidez y gracia de un arte en el que, virtuosismo aparte, se revela un doble compromiso con
la música y el público, con la recreación de los materiales sonoros preexistentes y la conexión emocional con el auditorio.
En un programa dedicado a figuras esenciales de la música norteamericana de los siglos XX y XXI, afrontaron, como suelen hacerlo, el riesgo de competir con referencias originales preestablecidas, sobre todo a la hora de encarar la suite de West Side Story, de Leonard Bernstein, en una versión escrita para ellas por Irwing Kostal, y en la que la base rítmica fue enriquecida por la batería del francés Raphael Seguinier y los eficaces y precisos añadidos percutivos del venezolano Gonzalo Grau, quien aportó el toque latino sin manierismos folclorizantes.
Los dos teclados crecieron en brillantez y convicción a lo largo de la Rhapsody in Blue, de George Gershwin, que rebasó creadoramente los marcos de la tópica versión concertante para instrumento solista y reducción orquestal para piano.
Pero no hizo falta llegar a Bernstein y Gershwin para quedar imantados por la excelencia interpretativa de las Labeque. Bastaría con su carta de presentación, Cuatro movimientos para dos pianos, de Philip Glass, escrita hace apenas cuatro años por uno de los compositores que ha ensanchado sin estridencias ni artificios las posibilidades expresivas
del instrumento desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, influido, como él mismo confesó, por "el vocabulario consonante" que descubrió en los años sesenta al escuchar la obra de su compatriota Steve Reich.
Ahí están sus 16 estudios, de 1999, que un crítico comparó con las Variaciones Golberg de la era contemporánea, o el Concierto para piano y orquesta (2000), estrenado por Dennis Russell Davies, el mismo que junto a Maki Namekawa hizo nacer públicamente los Cuatro
movimientos...
Las Labeque trataron con un admirable concepto del discurso sonoro (fraseo, dinámica) una partitura envolvente y sutil en la cual la percepción de la atmósfera es tan importante como la sucesión temporal. De ello, para la puesta en escena, fue consciente Brouwer al sugerir la proyección en el fondo, sobre el origami gigantesco que distingue al festival, de imágenes de Koyanitsqatsi, el perturbador filme de cuya banda sonora Glass fue autor.
Vayamos ahora a lo de Sampling. Aaron Copland compuso la Fanfarria para un hombre común en 1942 por encargo de la Sinfónica de Cincinatti, que ofrecía conciertos de aliento a la lucha antifascista en los días de la Segunda Guerra Mundial. Fue escrita, como toda fanfarria que sea tal, para cuatro trombones en Fa, tres trombones en Si bemol, tres trombones, tuba, timbal y gong. Puede entonces imaginarse el ingenio de René Baños para llevar a la voz humana, y el de sus compañeros, para transmitir con fidelidad tímbrica la partitura de Copland. Una verdadera hazaña, mucho más ardua que la de Emerson, Lake and Palmer al utilizar la misma fanfarria en su recordado tema Hoedown, de 1972.
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