D'Cuba Jazz
Sábado, 28 de Agosto, 2021
causó furor en la corte del rey francés Luis XIV y tomó el nombre de
“contredance”. Felipe V fue proclamado como rey de España en el palacio
de Versalles (Francia) el 16 de noviembre de 1700. Hizo su entrada
triunfal en Madrid el 18 de febrero de 1701. Entre los usos y costumbres
que se trajo de su país natal estaba la “contredance” que se impuso en
la corte y en los salones de baile españoles.
A partir de 1755 hicieron aparición en España unas contradanzas que se
denominaron “nuevas” que poseyeron un patrón rítmico diferente al de las
francesas y acabaron llamándose “contradanzas españolas”. Este
reconvertido baile viajó al Caribe Español, sobre todo a Cuba, donde la
población negra lo adoptó, pero acercándolo más a sus gustos musicales.
En tal sentido la cédula rítmica se hizo más sincopada con el empleo de
tresillos y se utilizaron para la danza instrumentos típicos cubanos,
como el güiro. Esta contradanza recibió el nombre de “criolla” o
“cubana” y en Europa se la conoció como “contradanza habanera”.
El 13 de noviembre de 1842 aparecieron publicados en el periódico
literario habanero La Prensa los siguientes versos:
Yo soy niña, soy bonita / Y el pesar no conocí / Pero anoche, !ay
mamita¡, yo no sé lo que sentí / Mi corazón latió así / !Ay¡, yo creo
que se agita / Porque el amor entró en mí / Mamita, sí, mamita, sí / No
lo dudes, él palpita / porque el amor entró en mí
Estos versos fueron cantados, sobre la base armónica y rítmica de una
“contradanza criolla”, en una sala de baile quince días antes de su
publicación en el rotativo. El público allí congregado se quedó muy
sorprendido ya que la “contradanza criolla” se interpretaba
exclusivamente de forma instrumental. A la canción resultante de
añadirle una letra a la “contradanza criolla” le pusieron el nombre de
“habanera”. En este caso llevaba el título de “El amor en el baile” que
tiene el privilegio de ser la primera “habanera” que se conoce.
El músico vasco Sebastián de Iradier Salaverri, nacido en Lanciego
(Alava) en 1809, inició en el año 1857 una gira por los EE.UU., México y
Cuba con la famosa por entonces contralto Marieta Alboni. En su visita a
la isla tomó buena nota de su música folclórica, poniendo una especial
atención en la criolla. Una vez que regresó a España y aproximadamente
hacia el año 1863 escribió la letra y la música de la canción “La
Paloma”, que se hizo muy popular tanto en España como en Cuba además
de en varios países comoçMéxico, Francia o Alemania. La canción de
Iradier será seguramente la “habanera” más universal.
Las relaciones tempranas entre la francesa Nueva Orleans y la española
Cuba provocaron algunos desplazamientos de isleños a la entonces capital
de Luisiana. Cuando la corona española tomó posesión de este territorio
en 1763 esas migraciones crecieron espectacularmente y el traspaso de
Luisiana a los Estados Unidos en 1803 no hizo otra cosa que aumentarlas.
Hacia finales del siglo XIX Nueva Orleans albergaba una de las dos
principales comunidades cubanas en EE.UU. (la otra era Nueva York). Los
cubanos que se fueron instalaron en Nueva Orleans llevaron su música
consigo y una paloma voló con ellos.
En el libro titulado “Mister Jelly Roll” escrito por el folclorista y
musicólogo Alan Lomax en 1950 el escritor pone en palabras del músico lo
siguiente: “Entonces había muchos hispanos allí. Yo escuché un montón de
canciones hispanas y trataba de tocarlas con el tempo correcto. Tomemos
“La Paloma” ya la trasformé en el estilo de Nueva Orleans. Debes dejar
la mano izquierda tal como se indica en la canción. La diferencia viene
dada en la mano derecha, en las síncopas, las cuales le dan un color
diferente pasando del rojo al azul. De hecho, si tú no consigues darle
ese “tinte hispano” (spanish tinge) a tus canciones nunca poseerán ese
condimento que pienso que es necesario para eso a lo que yo llamo jazz.
Escribí una canción en 1902 que titulé “New Orleans Blues”que todas
las bandas de la ciudad la tocaban en aquel tiempo. En ella se puede
escuchar ese “spanish tinge”.
Otro músico importante de aquella época, W. C. Handy, se sirvió del
recurso de cambiar súbitamente el ritmo de blues lento de “St. Louis
Blues” por el de la habanera cuando llegaba el puente de la canción.
Cuenta el compositor que interpretando “La Paloma” en un salón de baile
notó una reacción súbita y positiva en los danzantes. También advirtió
de que había algo de negroide en ese ritmo y se propuso utilizarlo en la
canción. En su autobiografía titulada “Father of the Blues” de 1941
podemos leer: “Cuando en la canción “St. Louis Blues” el ritmo cambiaba
abruptamente al de la habanera yo estaba atento mirando a los bailarines
y estos parecían electrificados. Algo dentro de ellos volvía la vida.
Movían sus brazos y la alegría recorría sus cuerpos desde los talones”.
La canción St. Louis Blues será la más famosa de W. C. Handy y hoy en
día continúa en el repertorio del jazz, pero ese cambio de ritmo de la
partitura original ya no se utiliza normalmente. Sin embargo, el grupo
vocal The Golden Gate Quartet en una grabación de 1960 (creo) es fiel al
original de Handy y se escucha perfectamente en el puente (0’ 58’’) el
cambio del ritmo inicial al de la habanera. Escucharlo vale más que mil
palabras.
Aparte de Jelly Roll y Handy hubo otros compositores que utilizaron el
ritmo de la habanera en sus obras como Scott Joplin (Solace) o los
músicos de Nueva Orleans – unos años anteriores a Jelly Roll – Basile
Barès (Los Campanillas) y Edmond Dédé (El Pronunciamiento: Marche
Espagnole).
En Cuba la música continuaba moviéndose y creando nuevos ritmos, nuevos
bailes, nuevas canciones. Después de “La Habanera” vino el “Danzón”
(instrumental y cantado) y a este le siguió el “Son” y con él nos vamos
a Nueva York.
A principios de 1930, Don Azpiazu (1893-1943) viajaba con su orquesta,
Habana Casino, con destino a Nueva York desde su Cuba natal. Entre sus
músicos se encontraba el vocalista Antonio Machín y el
multinstrumentista Mario Bauzá, importante músico, como veremos. El 26
de abril la orquesta dio un concierto en el Palace Theatre de la ciudad
de los rascacielos y entre los temas que interpretó se encontraba “El
Manisero” que los norteamericanos tradujeron como “The Peanut Vendor”.
Los asistentes al evento se quedaron entusiasmados al escucharla. La
discográfica Victor se puso en contacto rápidamente con Azpiazu para
grabar la canción, acontecimiento que se produjo el 13 de mayo. En un
abrir y cerrar de ojos se vendieron más de un millón copias de“El
Manisero” que según dicen se convirtió en el primer tema cantado en un
idioma diferente al inglés que lograba alcanzar esa alta cota de mercado.
“El Manisero” o “The Peanut Vendor” de Don Azpiazu puso de moda en los
U.S.A la “Rumba Fox-Trot” que de tal guisa catalogó la discográfica Victor
a la canción. Para un cubano se trataría, más bien, de un Son-Pregón, pero,
sin entrar en más detalles, lo importante fue que un gran número de
norteamericanos amantes del baile empezaron a mover sus caderas de un
modo diferente: al estilo latino.
Mario Bauzá nació en el barrio de Cayo Hueso de La Habana el 28 de abril
de 1911. Inició sus estudios musicales con un profesor particular,
Arturo Andrade, a una edad de cinco años. Al cumplir los 15 consiguió un
puesto como clarinetista en la Orquesta Filarmónica de La Habana,
aprendió a tocar la trompeta y formó parte de varias orquestas de música
cubana. Al año siguiente se decantó por el saxo alto y continuó con su
pertenencia a diferentes grupos de música de su país. Llegó el año 1930
y Mario Bauzá con sus 19 años viajó a Nueva York con la orquesta de Don
Azpiazu. Después de cumplir con sus compromisos con la citada banda
decidió seguir su carrera musical en los EE.UU. También consideró dar
carpetazo a la música cubana y dedicarse exclusivamente al jazz.
A partir de 1931, Mario Bauzá comenzó con lo que podríamos denominar
como un exitoso paseo musical por varias de las mejores bandas de jazz
norteamericanas. Empezó por la que dirigía el compositor Noble Sissle,
una de las figuras míticas de la música afroamericana. Chick Webb, el
líder de la orquesta residente del Savoy Ballroom de Harlem, le contrató
como primer trompeta. A las pocas semanas ya se había convertido en el
director musical y permaneció con Chick hasta su muerte en 1939. Ingresó
seguidamente en la orquesta de Cab Calloway en la que también se ocupó
de la dirección musical y en ella conoció al trompetista Dizzy Gillespie.
Llegó el año 1940, Mario tenía entonces 29, y tomó la decisión de volver
a sus raíces musicales cubanas, pero sin abandonar el jazz. Para llevar
a cabo su proyecto formó una banda con el cantante Machito (que además
era su cuñado).
Frank Raúl Grillo conocido en el mundo musical como Machito nació en la
ciudad de Tampa en el estado de Florida en 1912 (algunos estudiosos
sitúan su nacimiento en La Habana) y siendo un niño se desplazó junto a
su familia a Cuba. Allí aprendió canto y el manejo de las maracas. Con
25 años volvió al país que le vio nacer y fue contratado por varias
orquestas siendo la más popular la liderada por el cubano de origen
catalán, Xabier Cugat.
Mario Bauzá, como director musical y trompetista y Machito, con su voz y
sus maracas bautizaron a su recién creada banda, Machito and his
Afro-Cubans. Existen dos salas de baile que se disputan en cuál de ellas
actuó por primera vez el grupo. Estas son La Conga y El Park Palace
ambas ubicadas en la ciudad de Nueva York. En una de ellas nació el
“jazz afrocubano”.
A principios de 1941 grabaron, para el sello Decca, sus primeros temas
que fueron, “Sopa de Pichón”composición del propio
Machito y “Tingo Talango” salido de la inspiración del músico cubano
Julio Cuevas. Mario Bauzá estuvo durante 35 años como director musical
de Machito and his Afro-Cubans y su contribución fue esencial para él
éxito de la banda y del “jazz afrocubano”. Una vez libre creó su propia
formación con el nombre de Mario Bauzá and his Afro-Cuban Jazz Orchestra
con la que siguió fusionando los ritmos cubanos con el jazz. En el año
1984 recibió el Premio de Honor de las Artes y la Cultura de manos del
alcalde Nueva York. Su última producción discográfica fue en 1993, con
82 años, en un álbum titulado “Mario Bauzá 944 Columbus”.
A primeros de septiembre de 1947 Mario Bauzá le presentó a Dizzy
Gillespie al percusionista Chano Pozo. El trompetista se quedó extasiado
del dominio tan personal que poseía de los ritmos cubanos y en un
instante se dio cuenta hasta dónde podría llegar si su conga y su bongó
se integraban en la big band que por entonces lideraba.
Chano Pozo nació en La Habana en 1915. Su familia practicaba la religión
“abakwa” (de origen nigeriano) y desde niño descubrió los diferentes
ritmos africanos a través de sus ritos religiosos. Esta experiencia le
marcó a la hora de tocar los ritmos de la música cubana y le convirtió
en un percusionista diferente y muy apreciado por los músicos que le
rodeaban. Pasó una juventud muy tumultuosa con sociedades secretas de
por medio y sus amigos le recomendaron que abandonara Cuba si quería
conservar su vida. Se embarcó con destino Nueva York y se instaló en al
barrio de Harlem. En su apartamento conoció a Dizzy Gillespie.
El 29 de septiembre de 1947 en la sala de conciertos más emblemática de
los EE.UU., el Carnegie Hall neoyorquino, Dizzy Gillespie iba a mostrar
a todo el público que llenaba la sala su “jazz afrocubano” a la vez que
presentaba en sociedad a Chano Pozo. Interpretaron temas que hoy en día
son standards de ese estilo de jazz: “Salt Peanuts”, “Cubana-be”,
“Cubana-bop” o “Festival in Cuba”.
Dizzy Gillespie y Chano Pozo grabaron cinco álbumes en los dos años de
mutua colaboración antes de que una bala le matara en un bar de Harlem
por una discusión sobre una bolsa de marihuana vacía que le había
vendido su asesino. Dizzy Gillespie continuó hasta el final de su
carrera alternando el “jazz afrocubano” con el jazz norteamericano.
Los pilares del “Jazz Afrocubano” fueron: Mario Bauzá con Machito y
Dizzy Gillespie con Chano Pozo. Otros músicos siguieron y siguen su
ejemplo: Chico O’Farrill, Paquito D’Rivera, Gonzalo Rubalcaba, Mongo
Santamaría, Arturo Sandoval o el gran Bebo Valdés.
El 20 de diciembre de 1948 la banda de Machito and his Afro-Cubans entró
en los estudios del sello Verve en Nueva York junto a un importante
músico de jazz: el saxo alto Charlie Parker. Una de las canciones que
grabaron se titula “Mango Mangue” compuesta por el músico cubano
Gilberto Valdéz conocido también como “el Gershwin Criollo”. Es
interesante escuchar a Parker tocando su saxo fuera de los tempos
rápidos del “be bop”.
En el año 1947 Chano Pozo compuso el estribillo y Dizzy Gilespie el
puente de una de las canciones icónicas de “jazz afrocubano”, la
titulada “Manteca”. También aparece el arreglista Gil Fuller en los
créditos. “Manteca” es una palabra que en el argot cubano significa
marihuana. La grabaron el 30 de diciembre de 1947 en Nueva York.
Antes de terminar este artículo no puedo dejar de contar una anécdota de
Nueva Orleans. La ciudad permaneció bajo el dominio de Francia desde su
fundación en 1717 hasta 1763. Ese año pasó a manos de la Corona Española
hasta el año 1801. En el Cabildo de la ciudad los estudiosos han
encontrado cantidad de documentación referente a cualquier episodio
acaecido en la villa. En el apartado del orden público existen continuas
alusiones a los reiterados altercados que se producían en los salones de
baile. La razón de estos era debida a que los bailarines españoles
demandaban a la orquesta que tocara “contradanzas españolas” y los
franceses le pedía que fueran las que se bailaban en su país. Las
broncas que se organizaron fueron de tal magnitud que la policía tuvo
que personarse en el local para intentar poner orden en un buen número
de ocasiones, encontrándose en muchos casos con salones medio
destrozados y con danzantes – incluso con músicos, que no tenían ni arte
ni parte – heridos de diversa consideración. Esto nos muestra lo
arraigada que estaba la “contradanza” tanto en la sociedad española como
en la francesa.
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NOTICIAS
Una paloma voló sobre el jazz afrocubano

Fecha: 2020.11.12
Fuente: loslatidosdeljazz.com
causó furor en la corte del rey francés Luis XIV y tomó el nombre de
“contredance”. Felipe V fue proclamado como rey de España en el palacio
de Versalles (Francia) el 16 de noviembre de 1700. Hizo su entrada
triunfal en Madrid el 18 de febrero de 1701. Entre los usos y costumbres
que se trajo de su país natal estaba la “contredance” que se impuso en
la corte y en los salones de baile españoles.
A partir de 1755 hicieron aparición en España unas contradanzas que se
denominaron “nuevas” que poseyeron un patrón rítmico diferente al de las
francesas y acabaron llamándose “contradanzas españolas”. Este
reconvertido baile viajó al Caribe Español, sobre todo a Cuba, donde la
población negra lo adoptó, pero acercándolo más a sus gustos musicales.
En tal sentido la cédula rítmica se hizo más sincopada con el empleo de
tresillos y se utilizaron para la danza instrumentos típicos cubanos,
como el güiro. Esta contradanza recibió el nombre de “criolla” o
“cubana” y en Europa se la conoció como “contradanza habanera”.
El 13 de noviembre de 1842 aparecieron publicados en el periódico
literario habanero La Prensa los siguientes versos:
Yo soy niña, soy bonita / Y el pesar no conocí / Pero anoche, !ay
mamita¡, yo no sé lo que sentí / Mi corazón latió así / !Ay¡, yo creo
que se agita / Porque el amor entró en mí / Mamita, sí, mamita, sí / No
lo dudes, él palpita / porque el amor entró en mí
Estos versos fueron cantados, sobre la base armónica y rítmica de una
“contradanza criolla”, en una sala de baile quince días antes de su
publicación en el rotativo. El público allí congregado se quedó muy
sorprendido ya que la “contradanza criolla” se interpretaba
exclusivamente de forma instrumental. A la canción resultante de
añadirle una letra a la “contradanza criolla” le pusieron el nombre de
“habanera”. En este caso llevaba el título de “El amor en el baile” que
tiene el privilegio de ser la primera “habanera” que se conoce.
El músico vasco Sebastián de Iradier Salaverri, nacido en Lanciego
(Alava) en 1809, inició en el año 1857 una gira por los EE.UU., México y
Cuba con la famosa por entonces contralto Marieta Alboni. En su visita a
la isla tomó buena nota de su música folclórica, poniendo una especial
atención en la criolla. Una vez que regresó a España y aproximadamente
hacia el año 1863 escribió la letra y la música de la canción “La
Paloma”,
de en varios países comoçMéxico, Francia o Alemania. La canción de
Iradier será seguramente la “habanera” más universal.
Las relaciones tempranas entre la francesa Nueva Orleans y la española
Cuba provocaron algunos desplazamientos de isleños a la entonces capital
de Luisiana. Cuando la corona española tomó posesión de este territorio
en 1763 esas migraciones crecieron espectacularmente y el traspaso de
Luisiana a los Estados Unidos en 1803 no hizo otra cosa que aumentarlas.
Hacia finales del siglo XIX Nueva Orleans albergaba una de las dos
principales comunidades cubanas en EE.UU. (la otra era Nueva York). Los
cubanos que se fueron instalaron en Nueva Orleans llevaron su música
consigo y una paloma voló con ellos.
En el libro titulado “Mister Jelly Roll” escrito por el folclorista y
musicólogo Alan Lomax en 1950 el escritor pone en palabras del músico lo
siguiente: “Entonces había muchos hispanos allí. Yo escuché un montón de
canciones hispanas y trataba de tocarlas con el tempo correcto. Tomemos
“La Paloma” ya la trasformé en el estilo de Nueva Orleans. Debes dejar
la mano izquierda tal como se indica en la canción. La diferencia viene
dada en la mano derecha, en las síncopas, las cuales le dan un color
diferente pasando del rojo al azul. De hecho, si tú no consigues darle
ese “tinte hispano” (spanish tinge) a tus canciones nunca poseerán ese
condimento que pienso que es necesario para eso a lo que yo llamo jazz.
Escribí una canción en 1902 que titulé “New Orleans Blues”
las bandas de la ciudad la tocaban en aquel tiempo. En ella se puede
escuchar ese “spanish tinge”.
Otro músico importante de aquella época, W. C. Handy, se sirvió del
recurso de cambiar súbitamente el ritmo de blues lento de “St. Louis
Blues” por el de la habanera cuando llegaba el puente de la canción.
Cuenta el compositor que interpretando “La Paloma” en un salón de baile
notó una reacción súbita y positiva en los danzantes. También advirtió
de que había algo de negroide en ese ritmo y se propuso utilizarlo en la
canción. En su autobiografía titulada “Father of the Blues” de 1941
podemos leer: “Cuando en la canción “St. Louis Blues” el ritmo cambiaba
abruptamente al de la habanera yo estaba atento mirando a los bailarines
y estos parecían electrificados. Algo dentro de ellos volvía la vida.
Movían sus brazos y la alegría recorría sus cuerpos desde los talones”.
La canción St. Louis Blues será la más famosa de W. C. Handy y hoy en
día continúa en el repertorio del jazz, pero ese cambio de ritmo de la
partitura original ya no se utiliza normalmente. Sin embargo, el grupo
vocal The Golden Gate Quartet en una grabación de 1960 (creo) es fiel al
original de Handy y se escucha perfectamente en el puente (0’ 58’’) el
cambio del ritmo inicial al de la habanera. Escucharlo vale más que mil
palabras.
Aparte de Jelly Roll y Handy hubo otros compositores que utilizaron el
ritmo de la habanera en sus obras como Scott Joplin (Solace) o los
músicos de Nueva Orleans – unos años anteriores a Jelly Roll – Basile
Barès (Los Campanillas) y Edmond Dédé (El Pronunciamiento: Marche
Espagnole).
En Cuba la música continuaba moviéndose y creando nuevos ritmos, nuevos
bailes, nuevas canciones. Después de “La Habanera” vino el “Danzón”
(instrumental y cantado) y a este le siguió el “Son” y con él nos vamos
a Nueva York.
A principios de 1930, Don Azpiazu (1893-1943) viajaba con su orquesta,
Habana Casino, con destino a Nueva York desde su Cuba natal. Entre sus
músicos se encontraba el vocalista Antonio Machín y el
multinstrumentista Mario Bauzá, importante músico, como veremos. El 26
de abril la orquesta dio un concierto en el Palace Theatre de la ciudad
de los rascacielos y entre los temas que interpretó se encontraba “El
Manisero” que los norteamericanos tradujeron como “The Peanut Vendor”.
Los asistentes al evento se quedaron entusiasmados al escucharla. La
discográfica Victor se puso en contacto rápidamente con Azpiazu para
grabar la canción, acontecimiento que se produjo el 13 de mayo. En un
abrir y cerrar de ojos se vendieron más de un millón copias de“El
Manisero”
idioma diferente al inglés que lograba alcanzar esa alta cota de mercado.
“El Manisero” o “The Peanut Vendor” de Don Azpiazu puso de moda en los
U.S.A la “Rumba Fox-Trot” que de tal guisa catalogó la discográfica Victor
a la canción. Para un cubano se trataría, más bien, de un Son-Pregón, pero,
sin entrar en más detalles, lo importante fue que un gran número de
norteamericanos amantes del baile empezaron a mover sus caderas de un
modo diferente: al estilo latino.
Mario Bauzá nació en el barrio de Cayo Hueso de La Habana el 28 de abril
de 1911. Inició sus estudios musicales con un profesor particular,
Arturo Andrade, a una edad de cinco años. Al cumplir los 15 consiguió un
puesto como clarinetista en la Orquesta Filarmónica de La Habana,
aprendió a tocar la trompeta y formó parte de varias orquestas de música
cubana. Al año siguiente se decantó por el saxo alto y continuó con su
pertenencia a diferentes grupos de música de su país. Llegó el año 1930
y Mario Bauzá con sus 19 años viajó a Nueva York con la orquesta de Don
Azpiazu. Después de cumplir con sus compromisos con la citada banda
decidió seguir su carrera musical en los EE.UU. También consideró dar
carpetazo a la música cubana y dedicarse exclusivamente al jazz.
A partir de 1931, Mario Bauzá comenzó con lo que podríamos denominar
como un exitoso paseo musical por varias de las mejores bandas de jazz
norteamericanas. Empezó por la que dirigía el compositor Noble Sissle,
una de las figuras míticas de la música afroamericana. Chick Webb, el
líder de la orquesta residente del Savoy Ballroom de Harlem, le contrató
como primer trompeta. A las pocas semanas ya se había convertido en el
director musical y permaneció con Chick hasta su muerte en 1939. Ingresó
seguidamente en la orquesta de Cab Calloway en la que también se ocupó
de la dirección musical y en ella conoció al trompetista Dizzy Gillespie.
Llegó el año 1940, Mario tenía entonces 29, y tomó la decisión de volver
a sus raíces musicales cubanas, pero sin abandonar el jazz. Para llevar
a cabo su proyecto formó una banda con el cantante Machito (que además
era su cuñado).
Frank Raúl Grillo conocido en el mundo musical como Machito nació en la
ciudad de Tampa en el estado de Florida en 1912 (algunos estudiosos
sitúan su nacimiento en La Habana) y siendo un niño se desplazó junto a
su familia a Cuba. Allí aprendió canto y el manejo de las maracas. Con
25 años volvió al país que le vio nacer y fue contratado por varias
orquestas siendo la más popular la liderada por el cubano de origen
catalán, Xabier Cugat.
Mario Bauzá, como director musical y trompetista y Machito, con su voz y
sus maracas bautizaron a su recién creada banda, Machito and his
Afro-Cubans. Existen dos salas de baile que se disputan en cuál de ellas
actuó por primera vez el grupo. Estas son La Conga y El Park Palace
ambas ubicadas en la ciudad de Nueva York. En una de ellas nació el
“jazz afrocubano”.
A principios de 1941 grabaron, para el sello Decca, sus primeros temas
que fueron, “Sopa de Pichón”
Machito y “Tingo Talango” salido de la inspiración del músico cubano
Julio Cuevas. Mario Bauzá estuvo durante 35 años como director musical
de Machito and his Afro-Cubans y su contribución fue esencial para él
éxito de la banda y del “jazz afrocubano”. Una vez libre creó su propia
formación con el nombre de Mario Bauzá and his Afro-Cuban Jazz Orchestra
con la que siguió fusionando los ritmos cubanos con el jazz. En el año
1984 recibió el Premio de Honor de las Artes y la Cultura de manos del
alcalde Nueva York. Su última producción discográfica fue en 1993, con
82 años, en un álbum titulado “Mario Bauzá 944 Columbus”.
A primeros de septiembre de 1947 Mario Bauzá le presentó a Dizzy
Gillespie al percusionista Chano Pozo. El trompetista se quedó extasiado
del dominio tan personal que poseía de los ritmos cubanos y en un
instante se dio cuenta hasta dónde podría llegar si su conga y su bongó
se integraban en la big band que por entonces lideraba.
Chano Pozo nació en La Habana en 1915. Su familia practicaba la religión
“abakwa” (de origen nigeriano) y desde niño descubrió los diferentes
ritmos africanos a través de sus ritos religiosos. Esta experiencia le
marcó a la hora de tocar los ritmos de la música cubana y le convirtió
en un percusionista diferente y muy apreciado por los músicos que le
rodeaban. Pasó una juventud muy tumultuosa con sociedades secretas de
por medio y sus amigos le recomendaron que abandonara Cuba si quería
conservar su vida. Se embarcó con destino Nueva York y se instaló en al
barrio de Harlem. En su apartamento conoció a Dizzy Gillespie.
El 29 de septiembre de 1947 en la sala de conciertos más emblemática de
los EE.UU., el Carnegie Hall neoyorquino, Dizzy Gillespie iba a mostrar
a todo el público que llenaba la sala su “jazz afrocubano” a la vez que
presentaba en sociedad a Chano Pozo. Interpretaron temas que hoy en día
son standards de ese estilo de jazz: “Salt Peanuts”, “Cubana-be”,
“Cubana-bop”
Dizzy Gillespie y Chano Pozo grabaron cinco álbumes en los dos años de
mutua colaboración antes de que una bala le matara en un bar de Harlem
por una discusión sobre una bolsa de marihuana vacía que le había
vendido su asesino. Dizzy Gillespie continuó hasta el final de su
carrera alternando el “jazz afrocubano” con el jazz norteamericano.
Los pilares del “Jazz Afrocubano” fueron: Mario Bauzá con Machito y
Dizzy Gillespie con Chano Pozo. Otros músicos siguieron y siguen su
ejemplo: Chico O’Farrill, Paquito D’Rivera, Gonzalo Rubalcaba, Mongo
Santamaría, Arturo Sandoval o el gran Bebo Valdés.
El 20 de diciembre de 1948 la banda de Machito and his Afro-Cubans entró
en los estudios del sello Verve en Nueva York junto a un importante
músico de jazz: el saxo alto Charlie Parker. Una de las canciones que
grabaron se titula “Mango Mangue” compuesta por el músico cubano
Gilberto Valdéz conocido también como “el Gershwin Criollo”. Es
interesante escuchar a Parker tocando su saxo fuera de los tempos
rápidos del “be bop”.
En el año 1947 Chano Pozo compuso el estribillo y Dizzy Gilespie el
puente de una de las canciones icónicas de “jazz afrocubano”, la
titulada “Manteca”. También aparece el arreglista Gil Fuller en los
créditos. “Manteca” es una palabra que en el argot cubano significa
marihuana. La grabaron el 30 de diciembre de 1947 en Nueva York.
Antes de terminar este artículo no puedo dejar de contar una anécdota de
Nueva Orleans. La ciudad permaneció bajo el dominio de Francia desde su
fundación en 1717 hasta 1763. Ese año pasó a manos de la Corona Española
hasta el año 1801. En el Cabildo de la ciudad los estudiosos han
encontrado cantidad de documentación referente a cualquier episodio
acaecido en la villa. En el apartado del orden público existen continuas
alusiones a los reiterados altercados que se producían en los salones de
baile. La razón de estos era debida a que los bailarines españoles
demandaban a la orquesta que tocara “contradanzas españolas” y los
franceses le pedía que fueran las que se bailaban en su país. Las
broncas que se organizaron fueron de tal magnitud que la policía tuvo
que personarse en el local para intentar poner orden en un buen número
de ocasiones, encontrándose en muchos casos con salones medio
destrozados y con danzantes – incluso con músicos, que no tenían ni arte
ni parte – heridos de diversa consideración. Esto nos muestra lo
arraigada que estaba la “contradanza” tanto en la sociedad española como
en la francesa.
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