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DE INTERES: La pandemia del jazz

Por: Rudy de Juana
Fecha: 2020.10.30
Fuente: tomajazz.com


“Clubs que cierran” .
Así titulaba a finales del pasado mes de febrero un artículo en Caravan
Jazz. Aún no se había decretado el estado de alarma, y aunque el
COVID-19 se colaba aquí y allá en los medios de comunicación de España,
el coronavirus seguía pareciéndonos esa “gripe fuerte” de la que nos
podíamos recuperar. Hablaba en ese artículo de la resaca de una crisis
económica de la que algunos locales se empezaban a recuperar, de las
trabas que muchos ayuntamientos ponen a la música en directo, o incluso
de la preocupante falta de interés por el jazz en España. Ocho meses
después, constato cómo ninguno de los artículos que he escrito hasta
ahora ha envejecido tan rápido, tan mal.

 Los solos de saxo en los balcones. Los aplausos de las ocho. Los
conciertos gratuitos en Facebook e Instagram. Los “Tiny Desk Concerts”
organizados por la NPR y en los que nos colamos en las casas de Norah
Jones O Nubya Garcia

Casi por un momento, como en una alucinación colectiva, llegamos a
pensar que podíamos dejar de vivir a toda velocidad. Que en el fondo nos
venía bien. Parábamos sí, pero lo hacíamos para coger ese impulso que
nos abriría todo tipo de posibilidades.

Por supuesto, nos equivocamos. Con la llegada de la “nueva normalidad”,
nada ha cambiado para los clubs de jazz, que siguen en su mayoría
manteniendo las puertas cerradas. La voz de alarma la dio hace unas
semanas el Village Vanguard. El más antiguo de los clubs de Nueva York
apenas si sobrevive emitiendo conciertos en /streaming/. Sin mascarillas
claro, pero con el público en casa. También el Smalls, el Iridium y
tantos otros de la gran manzana, que confían en Internet para cubrir el
alquiler del local.
 

La fórmula funciona a medias. Por poco menos de 20 euros consigues una
butaca “privilegiada” para el próximo concierto y, si la conexión de
comporta (ha habido numerosas quejas precisamente al respecto) puedes
disfrutar de algo de magia descafeinada. Sin público (o muy poco) en el
local, los músicos se sienten extraños, alienados en un espacio que no
reconocen y en el que desaparece cualquier conexión emocional. En casa,
el espectador no acaba de entender qué es lo que pasa, aunque le
reconforta que con su asistencia al no-concierto, tal vez el club ha
esquivado el cierre un día más.

En Europa, el terremoto se anunció el pasado verano, cuando el Jazzhus
Montmartre   de Copenhague, probablemente el club más importante del
continente, estuvo literalmente a cinco minutos de cerrar para siempre sus
 puertas. Con más de 61 años,  el local en el que habitualmente tocaban
Dexter Gordon, Miles Davis,Stan Getz o Sonny Rollins, fue finalmente
rescatado por el ayuntamiento de la capital danesa, que le ha prometido
una inyección constante de fondos para los *próximos cuatro años*.

Es una buena noticia por supuesto. Y ojalá en nuestra España querida las
autoridades se tomaran la cultura tan en serio como en países como
Dinamarca, Francia o Italia, donde son muy conscientes de que el sector
cultural es tan importante como el turismo, la hostelería o el pequeño
comercio. Pero en el fondo no deja de ser un parche. Salvamos al
Montmarte o al Vanguard porque forman parte de nuestra historia, porque
su cierre nos vuelve a todos un poco más pequeños. ¿Pero cuántos otros
clubs “sin nombre” van a cerrar sin ningún periódico que les dedique una
esquela? Si antes de la pandemia en Madrid hemos perdido al Bogui y al
Populart, o hemos estado a punto de perder el Café Central; si en
Sevilla ha echado el cierre el Naima…*¿qué cabe esperar a partir de ahora?*

* *Tal vez parte de la solución se encuentre en esa alianza de clubs
pequeños de la que nos hablan en la revista MásJazz, un
proyecto de cooperación entre distintos locales  que se anunció el
pasado mes de mayo y de momento, sigue en marcha.

Formado inicialmente por el Clasijazz (Almería), Jimmy Glass Jazz
(Valencia), Sunset Jazz Club (Girona), BJC Bilbaína Jazz Club (Bilbao),
Jazzazza (Algezares, Murcia) y Clarence Jazz Club (Torremolinos) se
presentan como una asociación con la que defender la seguridad y la
calidad de los clubs de jazz, facilitando las giras de los músicos
nacionales e internacionales. Cruzamos los dedos y les deseamos la mayor
de las suertes. La vamos a necesitar.
 

 


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