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DE INTERES: Pandemia y música: el coronavirus, mi smartphone y la televisión

Por: Oni Acosta
Fecha: 2020.09.24
Fuente: La Jiribilla

La pandemia del nuevo coronavirus ha reformulado algunos mecanismos que, narrados de forma tradicional, no hubieran tenido éxito en el contexto actual...

  * Los programas de desarrollo cultural que se llevan a cabo en Cuba
    constituyen una expresión de la política cultural del país y de los
    principios enunciados. En su realización intervienen entidades,
    organismos y organizaciones de diversos sectores, pues su alcance
    rebasa a las instituciones culturales e involucra las esferas social
    y económica.
  * *Postulados básicos de la política cultural cubana:*
  * La reafirmación y el desarrollo de la identidad nacional; la
    vocación universal y profundamente latinoamericana y caribeña de la
    cultura nacional.
  * La conservación, protección y difusión del patrimonio cultural.
  * El reconocimiento a la diversidad cultural.
  * El fomento y estímulo a la creación artística y literaria.
  * El respeto y apoyo al protagonismo y creatividad de las comunidades
    en la conducción de sus procesos socioculturales.
  * El reconocimiento al papel de la cultura en el impulso y orientación
    de los procesos socioeconómicos.

La cultura, y específicamente la música, han experimentado una profunda
metamorfosis desde lo estructural y conceptual y han marcado, a mi
juicio, un punto referencial que puede y debe guiarnos por un sendero
luminoso en cuanto a la circulación musical de estos y futuros tiempos.
Creo ponderable considerar para ello dos cauces fundamentales (amén de
otros afluentes posibles, claro está): primero, la sabia utilización de
plataformas digitales que no habían sido casi explotadas en concordancia
con la dinámica del universo mediático y promocional que experimentan,
desde hace buen tiempo, disímiles disqueras y demás entes encargados del
marketing corporativo en buena parte del planeta. En esa línea y siendo
sinceros, y autocríticos, no teníamos un alcance medianamente importante
o que hiciera frente a la sed que desde otras zonas geográficas se tiene
de nuestra música.

La rápida asimilación de los rudimentos para procesar, colocar y
dinamizar contenidos musicales de forma multi y transmedial por parte
del Ministerio de Cultura cubano, desconfiguró de pronto un escenario
que parecía inamovible y ortodoxo, contra el pronóstico de apóstatas y
taciturnos que, basados en fórmulas preexistentes y con algunas dosis de
razón, no auguraban un cambio consustancial al nuevo liderazgo cultural
del país y el citado organismo. La apropiación rápida y la asunción de
posturas transgresivas ante herramientas comunicacionales desconocidas
para el consumidor interno, dieron paso a una nueva realidad que ya
habita entre nosotros y que ha comenzado a formar parte del vocabulario
nacional. Terminologías como /streaming/, /online/ y /live/, saltaron
del uso de unos pocos entendidos hacia el policromático y abierto
dicharacho cubano, incluyendo además chistes, memes o formando parte de
las noticias de cualquier noticiario del país.

Ahora bien, ¿cómo diseñar o jerarquizar la realidad musical del país?
¿Cómo lograr interactuar o hacer coincidir gustos, tendencias y
calidades? En ese aspecto se corrió el riesgo de programar una serie de
eventos para, desde un prisma de calidad e inclusión, visibilizar
expresiones musicales de amplia y reconocida validez, representativas de
todo el país. Y digo riesgo porque tener en consideración varias
tendencias musicales y sus exponentes es una labor compleja que requiere
tacto y criterio firme, donde unos podrán estar de acuerdo y otros no,
lógicamente.

El otro elemento digno de destacar en esta articulación que bien
pudiéramos denominar como alianza de la industria y los medios no
tradicionales, es el papel jugado por los artistas. Opino que sin su
obra y su acción renovadora no hubiera sido posible una genuina
amplificación del mensaje cultural que, por cierto, bastante competencia
tiene con otras aristas de la comunicación en estos tiempos. Habría que
remontarse al estudio de tendencias y prácticas de corte político para
entender, aunque unos digan que no, la importancia que el sistema
hegemónico dominante actual le confiere al discurso cultural como arma
fundamental de subyugación de pensamiento, además de constituir una
feroz máquina aniquiladora y despojadora de culturas contrarias a su
afán totalizador. Por ello la huella creativa del artista se convierte
en el eje discursivo de este nuevo momento promocional, donde se ha
tratado —y se trata— de continuar dándole voz y espacios a la creación
musical desde la originalidad, la autenticidad y la soberanía sonora.

De géneros como la trova, el jazz, el rock, la rumba y muchos más se ha
servido el menú virtual-televisivo que muchos han disfrutado, ya sea
desde la señal aún en aumento de canales televisivos como /Clave/, o
desde la comodidad de su dispositivo móvil, aunque, todavía, para no
pocos siga siendo quimera poder acceder a estos nuevos medios con mayor
frecuencia debido a los altos costes del acceso a Internet en el país.
Pero, y no precisamente a modo de justificación, pienso que no puede
esperarse o detenerse un proceso de dinamización cultural como el puesto
en marcha, pretextando asuntos que dependen de otras decisiones del país
y que en los últimos meses han dado señales alentadoras. Véase si no los
trabajos promocionales previos a la unificación monetaria y la
restructuración salarial, aplazada probablemente por la circunstancia
del coronavirus. Sucumbir ante tales justificaciones se hubiera
traducido en no realizar un salto importante de contenido musical hacia
la hipermedialidad y seguir dilatando nuestra interlocución con un
concepto estético y de pensamiento consustancial a la visualidad
contemporánea.

Las bondades, entre ellas la inmediatez y generalización de contenidos
que nos proporcionan las plataformas virtuales, han sido bien absorbidas
por quienes tuvieron la visión que desde la institucionalidad puede
hablarse de una matriz de pensamiento en esta dirección, a favor de las
necesidades culturales del país. La coherente decisión de escoger,
generar, posicionar e inundar espacios virtuales antes vacíos, logra un
consenso generalizador y optimista, en parte porque se ha escogido a un
grupo de artistas audiovisuales capaces de traducir en lenguajes
propios, y con altos estándares de calidad, toda la avalancha musical
generada en estos meses de pandemia e involuntario aislamiento social.

Nos tocará ahora, de muy diversas maneras, perfeccionar o dejar morir el
empeño de tantos artistas y de la institución, y diseñar eficientes
estrategias de promoción y generación morfológica, así como de
pensamiento cultural acordes a estos tiempos. Por mi parte, creo en
nuestra capacidad para perfeccionar lo logrado y en la eficacia de los
debates que en esta dirección se generen, nunca a ceder espacios nacidos
y gestados desde la real, profunda y endógena creatividad artística del
país.

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