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JAZZ PLAZA 2020: Bellita y Jazztumbatá

Por: JDS
Fecha: 2020.01.11

UN TALENTO PLURAL

    Simpatía y conocimiento, modestia y muchos deseos de trabajar para su público, el cubano, resumió la primera  impresión que me dejó el trío que encabezaba, hace más de dos décadas Lilia Expósito, mejor conocida en el mundo jazzístico como Bellita.

      Les interrumpí en plena faena de ensayo en la vivienda que compartía con su esposo, Miguel Miranda, un singular y talentoso músico. Fui por media hora y charlamos más de tres.

       Concluí –y la vida me lo confirmó- que esos jóvenes músicos cubanos son de los que piensan en grande y, a pesar de que se conocen relativamente poco en su propio país, se sienten parte indiscutible de su gente, de su cultura.

       Escribí entones y aún pienso, así que Bellita es un tesoro que debe recibir mayor reconocimiento, más allá de su maestría ante el piano, el scat jazzísico que impregna en sus vocalizaciones e ideas musicales innovadoras.

      Titulada del Instituto Superior de Arte, desde hace tres décadas, ha sido profesora de diversas materias y niveles en el sistema de enseñanza musical cubana y es una constante luchadora por abrirle espacios a las mujeres jazzistas en nuestro país, lo que se ha expresado incluso en festivales que ha organizados en La zorra y El cuervo capitalino bajo el nombre “Mujeres en el jazz”.

    A ella y Jazztumbatá llegué por un disco grabado fuera de Cuba y que tuvo excelente acogida, en una época en la cual no tenían instrumentos propios y  esultaban una experiencia única, tanto en lo conceptual como en la presentación como plurinstrumentistas.

      Sus conceptos musicales trascienden la ya abundante producción del llamado "jazz latino" y se insertan en búsquedas más complejas.  Las ideas originales las aportó el bajista y percusionista Miranda, tras incubarlas en su natal Morón, quien procedente de Manguaré acopló inquietudes artísticas y sentimentales con Bellita en el grupo Mezcla, con el cual hicieron su primer viaje a Estados Unidos.

      La multiplicidad de su quehacer da un sello sonoro pero también visual, difícil de imaginar. Lo suyo es música cubana más jazz, concebido el género como "una forma de superación constante del músico", al decir de Bellita.

      La intérprete ya hablaba entonces de armonizaciones, timbres y criterios musicales basados en nuestras raíces pero con constantes actualizaciones. Aseveraba que lo que ellos hacñian "no es jazz con tumbadoras", como algunos fuera de Cuba catalogan al jazz latino.

      Bellita y Jazztumbatá  no han perdido  el  ánimo ni los sueños con el paso del tiempo. Como la música es un arte temporal, en continuo desarrollo, no han querido perder la frescura de sus anhelos creadores. Así lo pueden constatar los que asisten a sus presentaciones regulares en el programa del ya famosos club de jazz de La Rampa cubana.

      Ya lejano el día que con su primer disco aspiraron al Grammy de Música Latina, ganado por su compatriota, el veteranísimo Compay Segundo, ellos siguen constituyendo un baluarte del jazz cubano, con el añadido de belleza y talento de su Bellita.    Jds/10.01.2020

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