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Omara siempre (mención al jazz)

Por: Michel Hernández
Fecha: 2018.06.09
Fuente: Granma

Un material de gran relevancia para conocer la historia más reciente de Omara Portuondo, las interioridades de su obra, y la actualidad de su carrera, es el álbum Omara siempre, presentado recientemente por la disquera Egrem

El disco, de 11 canciones, se hace acompañar de un dvd dirigido por Joseph Ross, que muestra el proceso de realización del fonograma, presentado por el historiador de La Habana Eusebio Leal, la musicóloga Marta Valdés y el productor del disco, Alain Pérez.

/Omara siempre/ es un disco con mucho peso emocional y es, también, un testimonio muy redondo de la vigencia no solo de una de las grandes figuras de la música cubana de todos los tiempos, sino de la actualidad de los ritmos populares que han dado a conocer a Cuba en el mundo.

 El CD arranca con una versión de /Sábanas Blancas/, el himno de Gerardo Alfonso, que Omara (La Habana, 1930) interpreta secundada por un fondo rítmico que se mueve entre la música popular y el jazz, dos ritmos que definen el resultado final del fonograma. En el disco L/a Diva del Buena Vista/ renueva su mandato en los territorios musicales patrios y se abre a exponentes de otros géneros como el pop y la trova, una práctica que viene expandiendo las resonancias de su obra desde hace varios años. /En otra realidad/, grabado por Diana Fuentes en su disco /Planeta
Planetario/, la joven cantante acompaña a Omara en su interés por ahondar en las esencias de los caminos que abrieron las grandes boleristas del país. El título resulta otra de las piezas a tomar en
cuenta en este material que muestra a una Omara que permanece y viene actualizando su obra con el paso del tiempo.

Los cubanos siempre han estado muy cercanos al tema /A lo mejor para el año que viene/, de Héctor Quintero. En esta versión Issac Delgado nos recuerda al cantante que era con 20 años menos, cuando hacía época en la televisión y los bailables con su propia orquesta. Issac y Omara
muestran una estrecha cohesión en un tema que, por su propio peso, ya descansa en los predios de la identidad nacional. El pianista Rolando Luna, uno de los astros del jazz cubano, los escolta en esta travesía definida por arreglos musicales bien estilizados y la perfecta comunión entre todos los instrumentistas que defienden el tema.

A ratos se perciben en el álbum ciertas similitudes con la serie de discos /Rhythms-Del-Mundo/, que unió a conocidos artistas del pop y rock mundial con músicos cubanos. Este disco, /Omara siempre/, es para disfrutar en el reposo de la calma y si el cuerpo lo permite, con un buen trago sobre la mesa. Es música en la que reposa la riqueza sonora del país y obliga a mirar hacia atrás para descubrir cómo Omara ha llegado a este momento en plena forma, lo que ha demostrado no solo con este álbum, sino con las giras más recientes del Buena Vista Social Club. El secreto, de existir, pudiera recaer en su necesidad de la continuidad, de permanecer y seguir con su carrera recordando que la música cubana todavía es un mundo muy diverso, con miles de puertas por
abrir y caminos por recorrer.

A veces se aleja de las ecuaciones más contemporáneas para gastarse un tema como /La rosa oriental/, junto al Septeto Santiaguero. Voz, ritmos tradicionales y una letra identificada plenamente con los elementos más raigales de ese amplio diapasón que es la música cubana, hacen de este tema una hermosa semblanza de una historia musical que nació hace décadas, pero mantiene la luz  del primer día. Pero no se trata de una lindeza al uso para vender a las turistas en las estanterías, sino de otro tema, como ya hemos dicho, que busca ahondar en una historia que no ha sido traída al presente de forma coherente y como corresponde cuando hablamos de la autenticidad de la música cubana.

Fueron estrechos los vínculos que unieron a Omara con Juan Formell. /Y tal vez/, firmado por el fundador de Van Van, forma parte del tributo casi permanente que la célebre cantante ha dedicado a Formell después de su muerte. Tema evocador y contemporáneo, como la propia obra de Formell y Omara, /Y tal vez/, es otro de los que aparece con toda su gloria en el disco. Detrás, «Robertón», uno de los frontman de Los Van Van, empuja la arquitectura sonora de la canción hasta convertirla en un excelente tema para el bailador.

En el álbum también acompañan a Omara Yulaisi Miranda, una de las ganadoras del programa /Sonando en Cuba, /en/Son al Son/, de César Portillo de la Luz; Aymée Nuviola (/Popurrit/); Alain Pérez (/Amarte no me cuesta nada/) y Beatriz Márquez, con quien canta /Tristeza/, en el que hacen confluir sus universos espirituales y sus distintas personalidades creativas con notable éxito.

Como /bonus track/, llegó el himno. /Yo vengo a ofrecer mi corazón/, de Fito Páez, cierra este disco que habla de la permanencia y actualización de la obra de una de las cantantes que ha sabido como pocas renacer, sortear los escollos del tiempo y conservar los resortes de una de las
voces más representativas de la escena cubana. En el tramo final del disco hace dúo con Lila Downs quien, como Omara, tiene el don de cantar temas llenos de nostalgia, pero a la vez con un efecto sanador sobre cualquier espíritu quebrado. «/Tanta sangre que se llevó el río y Yo
vengo a ofrecer mi corazón/», cantan ambas y uno, ante el ritual, debe callar, sobrecogerse  y abrazar el silencio cómplice de la música. «/Una cuchillada del amor/», recordarían después Omara y Lila, mientras hablan de países y esperanzas y de cambiar por cambiar. No más.

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