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Joaquín Betancourt «El jazz es un canto a la libertad y el talismán musical en que me refugio»

Por: Ricardo Alonso Venereo
Fecha: 2018.06.09
Fuente: Granma

  Este año el maestro Joaquín Julio Betancourt celebrará el aniversario diez de la creación de su Joven Jazz Band, una agrupación que prestigia al movimiento juvenil jazzístico y que da fe de los altos valores con que cuenta la enseñanza artística en Cuba

Entre los músicos cubanos que más defienden el jazz en nuestro país se encuentra Joaquín Julio Betancourt Jackman (Camagüey, 27 de mayo de 1951), Orden Alejo Carpentier y Premio Maestro de Juventudes 2017, quien ha puesto su talento al servicio no solo del jazz, sino de  toda la
música cubana.

Este año el maestro celebrará el aniversario diez de la creación de su Joven Jazz Band, una agrupación que prestigia al movimiento juvenil jazzístico y que da fe de los altos valores con que cuenta la enseñanza artística en Cuba. Este proyecto, explica la musicóloga Neris González
Bello, «tiene notables valores pedagógicos, en el que el connotado violinista, director de orquesta, compositor, arreglista y productor musical se une a jóvenes principiantes para retroalimentarse en el noble empeño de honrar al jazz y a sus raíces».

La Joven Jazz Band ha sido escuela de muchos de los músicos que hoy destacan en la escena, como la cantante Daymé Arocena, el saxofonista Michel Herrera, el pianista Alejandro Falcón y el guitarrista Héctor Quintana.

Para conocer más detalles de la labor profesional de este incansable músico, Granma se acercó a Joaquín, quien accedió a conversar con nosotros.

/–¿Cómo se presentaría Joaquín Betancourt?/

–Soy ante todo un cubano amante y practicante de la música, eso que llaman «músico». Un amante eterno de la familia, un respetuoso de la fidelidad, un promotor de todo lo que considere trascendental en la música, un guardián de la calidad musical, un defensor de la unidad en
el arte, un eterno defensor de toda la música cubana.  Ese soy yo.

–/¿Cómo llegó a la música, es­pecialmente al jazz?/

–Mi inclinación y amor a la música llegó por la vía familiar, a través de mi abuelo paterno, que también se llamaba Joaquín, e indirectamente por la vía de mi padre, mi madre, mi tío Carlos y mi primo Jorge Luis Betancourt, quien fundara la Orquesta Sinfónica de Camagüey y el Coro
Provincial. En ese aquete de información musical llegaron el jazz y el son cubano a mi vida.

–/¿Qué significó para usted Opus 13? ¿Extraña esa etapa?/

–Opus 13 fue un suceso necesario en mi carrera, fue mi educación profesional en la música primaria, secundaria y preuniversitaria y claramente se guardan lindos recuerdos, pero mi universidad y consagración profesional fue todo lo que ha sucedido y está sucediendo después. Allí se formó mi personalidad musical, por eso no hay lugar para la nostalgia.

/–El Premio Granmy Latino 2001 con La Rumba soy yo, de Bis Music, coproducido junto con Cary Diez, ¿qué importancia ha tenido en su vida?

–Fue un suceso inesperado. Tiene mucho significado, pero en mi opinión parece que no tuvo la misma trascendencia por parte de la disquera y otras instituciones del país. Al proyecto lo «mataron» a mano armada en una calle scura. Traté, a los diez años de este suceso, de hacer algo así como un concierto y no tuve apoyo de nadie. Pero nada de eso apaga lo que fue y seguirá siendo un gran acontecimiento en la historia de la música cubana, y de la discografía cubana en la Revolución.

–¿El jazz qué sentido tiene en su vida?

–He sido y soy un amante de la libertad plena y sin límites, el jazz es un canto a la libertad y es el talismán musical en el que me refugio.

–¿Cuándo creó la Joven Jazz Band? ¿Con qué objetivo?

–Se creó de modo espontáneo. Nos presentamos por primera vez en el Jo­jazz del año 2008. Después de creada se establecieron los objetivos y los he tenido que ir variando en el terreno, según se comporta la realidad musical cubana. No me ha quedado otra forma que convertirme en
un gran timonel en una vía con muchas curvas.

«Al principio, el proyecto se nutrió de premiados o laureados en los eventos Jo Jazz, además de egresados y estudiantes de nivel medio y superior de música, se pensaba que fuera un proyecto del que salieran y entraran nuevos músicos, pero esta intención se congeló por un buen tiempo. Ahora, a pesar de todo lo trascendental ocurrido con la jazz band en los últimos tiempos, nos cuesta mucho trabajo mantenerla y que se comprenda que es una institución musical compleja, que necesita tiempo para cambiar y perfilar su repertorio».

¿Cuántos discos han grabado ya? ¿Han logrado algún premio?

–La Joven Jazz Band ha grabado dos discos, el primero de ellos, Sueños del pequeño Quin, obtuvo Premio Especial Cubadisco, en el 2012. El disco más reciente, Mambazo, aún no ha participado en algún evento.

–¿En un país que gusta del jazz, cree usted que solo dos eventos como el Jo jazz y el Festival Jazz Plaza son suficientes?

–Yo pienso que vale la pena tener estos dos eventos grandes del jazz, lograr hacerlos con la mayor perfección posible, que tengan un alto grado de realización, a la altura de la calidad de los músicos que participan en ellos, tanto cubanos como foráneos, que se conviertan en una gran fiesta del género.

Todo eso es preferible a perderse entre muchos eventos, mal organizados y pasando tanto trabajo, enfrentando la incomprensión y la ausencia de jerarquías artísticas.

–¿Se mantiene usted vinculado a alguna escuela de música?

–Nadie me ha hablado para dar clases en alguna institución de la enseñanza de la música en Cuba. Recientemente regresé de Brasilia, donde ofrecí mis humildes conocimientos, los cuales provocaron que se creara una cátedra de música cubana, en la cual seré su principal maestro.
También estoy, desde el pasado año, invitado por la institución Berklee en los EE. UU., a ofrecer mis experiencias y conocimientos. Pero sin dudas, estaré siempre dispuesto para hacerlo en mi patria.

–¿Cómo le lleva usted el jazz a sus alumnos?

–Yo no le impongo el jazz a ningún joven músico, ni ningún otro estilo de música, por el contrario, los invito a participar conmigo en esa aventura, nos interrelacionamos, les ofrezco todo un menú de posibilidades y de conocimientos y disfruto junto a ellos el placer de hacer música en serio.

–Se afirma que hay un jazz cubano, ¿es cierto? ¿Por qué le gusta dirigir orquestas grandes?

–Hay un jazz cubano, hace muchos años, sin duda, y es demostrable. Me gusta mucho la sonoridad de las grandes orquestas, considero que es un lujo y siento un gran placer en hacerlo, la gran orquesta te brinda la posibilidad de mostrar todas tus posibilidades como orquestador y es un gran reto, muy difícil de asumir. Pero allí donde me cautive la buena música, aunque sea un trío, también estoy a gusto.


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