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Jazz en Cuba

Por: José Manzaneda
Fecha: 2017.11.24
Fuente: LQSomos

¿El Gobierno forma gratis a miles de músicos de un género que está “prohibido”?

En Cuba, miles de músicos de jazz han sido formados -de manera gratuita- en la Universidad de las Artes (el ISA), en la Escuela Nacional de Arte (ENA), en el Conservatorio Amadeo Roldán y en otras instituciones oficiales. En Cuba, la cantidad y calidad de los músicos en general -y de jazz en particular- no tiene parangón en la región.

Sin embargo, ¿son conocidos en el mundo estos artistas? Quizá entre un público especializado sí sea seguida la obra de jazzistas residentes en la Isla como Bobby Carcassés, Pablo Menéndez, Giraldo Piloto, Gloria Ochoa o Gastón Joya. Y los amantes del jazz puede que sí conozcan importantes eventos como el Festival Internacional Jazz Plaza de La Habana.

El gran público, por el contrario, jamás ha oído mencionar dichos nombres. Pero sí los de Paquito D’Rivera o Arturo Sandoval, músicos también nacidos en Cuba y con gran espacio en los medios internacionales. La razón no es su innegable genialidad como intérpretes. Ambos gozan de promoción y espacio mediático porque, sencillamente, viven en EEUU y son detractores acérrimos de la Revolución cubana. Una Revolución a la que deben su formación como músicos, pero que no les pudo ofrecer los altos ingresos que hoy tienen en EEUU.

Hace unos días, el diario español ABC realizaba una extensa cobertura del Festival Clazz Continental Latin Jazz de Madrid, al que habían sido invitados varios artistas cubanos, todos residentes fuera de su país.

ABC realizó tres entrevistas, y en todas ellas el titular hacía referencia no a la música, sino a la posición política de los artistas en contra del Gobierno cubano. El trompetista Manuel Machado afirmaba que “el jazz en Cuba -país que abandonó en los años 90- era la música
del enemigo”. En Cuba el jazz jamás estuvo “prohibido” -tal como afirma el músico en la entrevista-, aunque en una época muy determinada no fuera programado en la radio y televisión de la Isla. Pero esto ocurrió ¡hace no menos de 40 años! Gracias a esta entrevista, sin embargo, miles de personas sin referencias históricas ya han incorporado a su montaña
de prejuicios y mentiras sobre Cuba una nueva: que el jazz está prohibido en la Isla.

En la segunda entrevista, a Paquito D’Rivera, músico de posiciones ultraderechistas y defensor del bloqueo a Cuba, este denunciaba que “en España (…) todavía hay gente que defiende a Fidel”. Habría que preguntarle entonces por qué en una supuesta “democracia” con la “libertad de prensa” que asegura falta en Cuba esa gente que defiende a la Revolución cubana jamás aparece entrevistada en los medios, si no es para ser linchada o anulada profesionalmente.

La tercera entrevista era al músico Arturo Sandoval, que se jactaba de  haber recibido “la Medalla de la Libertad” del Gobierno de EEUU, y que se unía a las posiciones de la extrema derecha de Miami en contra del actual diálogo entre ambos gobiernos: “lo que está haciendo la Casa Blanca es darle más gasolina a la dictadura cubana para que permanezca en el poder”. Poniéndose al lado de la potencia que ha impuesto al pueblo cubano un bloqueo despiadado, y cambiando víctima por victimario, llegaba a asegurar que “las condiciones que pone Cuba son muy desiguales (…) No creo que (su) respuesta haya sido consecuente con los esfuerzos de EEUU para restablecer relaciones”.

El diario ABC ha publicado estos días varias noticias sobre festivales y conciertos de jazz en territorio español. Pero a músicos estadounidenses como Ornette Coleman o Chick Corea no les ha preguntado nada sobre asuntos de la agenda informativa como la brutalidad y el racismo policial en EEUU. Tampoco a los músicos que acompañaban al fallecido guitarrista andaluz Paco de Lucía, invitados al citado Festival Clazz Continental Latin Jazz, les preguntó el ABC sobre el drama social de Andalucía, con un 38,4 % de su población activa en desempleo.

Mientras, las escuelas de música de un país pobre y bloqueado como Cuba, siguen generando miles de talentos musicales para su país y para el mundo. Muchos residirán y desarrollarán su carrera en Cuba. Otros decidirán emigrar, sin que ahora –a diferencia de anteriores épocas- se produzca una ruptura con las instituciones culturales de su país. Algo
que sin duda ayudará a que, en el futuro, esos músicos cubanos emigrados hablen más de música que de política. Y defender a una superpotencia que ha tratado de matar por hambre a su propio pueblo ya no será absolutamente imprescindible para conseguir entrevistas promocionales.
(2015)

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