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MARACA: Jazz con las bases llenas

Por: PEDRO DE LA HOZ
Fecha: 2012.03.21
Fuente: granma

Testimonio audiovisual del concierto de Maraca y Todos Estrellas del Jazz Latino en el Gran Teatro de La Habana

     Han pasado algo más de dos años de aquella velada única en el Gran Teatro de La Habana que reunió a Orlando Valle, Maraca, con lo que con toda razón se llamó Todos Estrellas del Jazz Latino, cuando al fin es posible acceder al testimonio audiovisual de uno de los momentos cenitales de la historia más reciente del género en nuestro país.
    Bajo el título Reencuentros / Live at The Grand Theater of Havana, un cofre contentivo de un disco compacto de audio y otro de video digital, producidos por el sello Descarga con la colaboración de Cegin Productions y Alex Sino por Pier 5 Blard Pneus, comenzó a circular internacionalmente para dar a conocer el suceso.
    En realidad, el punto de partida debe fijarse en el 2009. El Festival de Jazz de la ciudad californiana de Monterrey había solicitado al flautista y compositor cubano la posibilidad de producir un evento singular con la participación de invitados especiales y de la orquesta sinfónica local. Por sí mismo, el diálogo entre el jazz y el formato instrumental sinfónico no es original, muchas veces se ha aventurado con brillantes resultados. En Cuba, por ejemplo, Leo Brouwer, con su genial mirada prospectiva, implicó a fines de los 70 a Irakere en un concierto que hizo época.
   Todavía resuena en los oídos despiertos la versión del Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo, revisitado por Leo y Chucho Valdés. El mismo Leo cuenta en su impresionante catálogo con una obra que sería bueno reponer, Arioso, un homenaje a Charles Mingus para quinteto de jazz y orquesta, en el que tuvo una intervención destacada el recordado Orlando López, Cachaíto.
    La novedad del proyecto de Maraca consistió en convocar a reconocidos intérpretes de jazz latino, en plena madurez, aun cuando algunos son muy jóvenes, y comprometerlos en una entrega en la cual tendrían la oportunidad de demostrar sus mejores cualidades en medio del entorno sonoro de las cuerdas.
    En la base del repertorio estarían obras del propio Maraca, una parte de ellas suficientemente probadas, y referencias identitarias de la música instrumental cubana, en lo que el siempre agudo y perspicaz musicólogo Leonardo Acosta calificó como "una travesía por el tiempo y el espacio, ya sea en La Habana o en el Caribe, como en las novelas de Alejo Carpentier: viajes y reencuentros, con lugares precisos como el Parque Central habanero y personajes históricos como Ignacio Cervantes (siglo XIX) o Chano Pozo (Harlem en los 40), pero también Cayo Hueso y Belén".
    Si la experiencia de Monterrey fue incitante, mucho más sería la de La habana, donde cristalizaría en toda su dimensión el proyecto. Se trataba, para seguir en la línea carpenteriana sugerida por Acosta, de respirar el aire de la Ciudad de las Columnas como fuente de inspiración para la música.
    Al llamado de Maraca acudieron dos músicos puertorriqueños que se pasean desde hace buen rato entre las luminarias del jazz latino: el saxofonista David Sánchez y el percusionista Giovanni Hidalgo.
    Desde Estados Unidos viajó uno de los bateristas de mayor rango en las dos últimas décadas, Horacio Hernández, El Negro, de origen cubano. Confió el piano a Harold López-Nussa, que dejó de ser una promesa para convertirse en una consolidada realidad. Invitó al trombonista canadiense Hugh Fraser, de los pocos que ataca frases virtuosas sin distorsionar el sonido de su instrumento, y a un trompetista de lujo, Julito Padrón. Incorporó al equipo dos profesionales de gran mérito, el contrabajista Feliciano Arango y Yusef Díaz en el teclado electrónico. Le hizo espacio a una violinista japonesa, Sayaka, que tras los pasos del maestro Lázaro Dagoberto González, encaja en el perfil charanguero con mucha más ventura de la que ha exhibido en las apetitivas y melosas colaboraciones con el griego Yanni. Y completó las estrellas con el venerable Enrique Lazaga, quien toca el güiro con única sapiencia. La trama quedaría definitivamente articulada con la Orquesta de Cámara de La Habana, bajo la dirección inteligente y apasionada del maestro Iván del Prado.
    Obviamente, la flauta se situó al centro, pero sin restar oxígeno a las restantes contribuciones. En el justo equilibrio pesó, sin duda, esa otra gran virtud de Maraca como orquestador, atinado en la conformación de los diversos planos sonoros puestos en juego, incluida la orquesta de cuerdas que nunca es relleno. Verbigracia, los tres momentos, para este cronista, más reveladores del Maraca orquestador en el concierto: Danzón siglo XXI, del propio Maraca; Camerata en guaguancó, a partir de la partitura original de Guido López Gavilán; y Serenata cubana, reinvención jubilosa de esa página imprescindible de Ignacio Cervantes.
   Maraca flautista consigue registros inéditos en sus ejecuciones. Leonardo Acosta precisa al respecto: "Orlando Valle se propuso liberar la flauta de sus propias limitaciones, revelar su verdadero poder hasta ahora oculto y hacer viajar el sonido hasta el último oyente. Sus expresivos y a menudo espectaculares solos demuestran que ha logrado sus propósitos".
    Ante Reencuentros, el amante del jazz —y de todas las músicas que validen su estatura creativa— tiene dos opciones: escuchar y, si lo prefiere, acompañar el sonido con el privilegio de la vista, porque el video digital es sobrio. Aunque, al final, esas opciones se reducen a una: disfrutar el arte como quien disfruta en el estadio un jonrón con las bases llenas.

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