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HISTORIA

Documental: Jazz: la música del diablo

Fecha: 2017.08.04

The Devil`s Music
Maria Agui Carter ,
Calvin A. Lindsay Jr.
(Reino Unido, 2000) [50 min]
 
Sinopsis:
Este documental cuenta la historia del jazz desde sus orígenes. La primera música bautizada como jazz fue el estilo de Nueva Orleansa principios del siglo XX. Pero donde realmente alcanzó su pleno desarrollo fue en Chicago a partir de los años veinte y posteriormente en Nueva York, donde triunfaron músicos de la talla de Paul Whiteman o Louis Armstrong. El documental incluye, además, los testimonios de historiadores, críticos musicales, periodistas y otros muchos expertos en el tema.

    En este documental se cuenta cómo se demonizó, por parte de las sectas moralistas religiosas protestantes de la época, el jazz. ¿Por qué? Principalmente porque era una música creada por gente negra, derivada del blues. Los blancos intentaron linchar esta música y a
sus creadores tachándolos de inmorales y de hacer apología del sexo libre. Clausurando locales donde se tocaba jazz en directo. Incluso personajes famosos de la época hicieron campaña para censurar y condenar el jazz.

    El jazz es un estilo musical arraigado en el corazón de Nueva Orleans y derramado desde el Mississippi para todo el mundo. Hablar de jazz no es sólo hablar de música, también representa la consumación de varias mezclas de razas y culturas, pero sobre todo, es una de las más fieles voces de la libertad. Nace como canto de protesta y realidad, baile y alegría entre los campos algodoneros de Louisiana, a finales del siglo XIX y principios del XX. Ahí, los afroamericanos empezaron a desahogarse cantando sus historias a base de ritmos improvisados y notas que se arrastraban desafinadamente por la escala del blues. Melodías que se transformaron en jazz en algún bar de Storyville, Nueva Orleans. El mismo lugar que vio nacer a uno de sus hijos predilectos, el legendario trompetista Louis Armstrong (1900-1971). Era la época de las guerras y las transformaciones del hombre moderno. El negro libraba su propia batalla en una tierra a la que había llegado en barcos de madera, encadenado, sin identidad, y que tuvo que hacer suya inventándose una nueva historia, haciendo de sus desgracias auténticas fiestas, reivindicando su propia fuerza heredada del África más profunda. Los años pasaban dejando atrás las worksongs del campo y los cantos espirituales. Las incomprensibles melodías fueron convirtiéndose en versiones más elocuentes, aunque la improvisación y el fuerte individualismo que profesaban sus intérpretes se mantuvieron intactos. La Original Dixieland Band es la primera en definir y plasmar el concepto jazz en 1917. Nueva Orleans ya tenía un estilo propio, el ragtime, esculpido por King Oliver, Sydney Bechet, Boddy Bolden, Freddie Keprard y Louis Armstrong, a quienes se considera los primeros jazzmen. La cultura estadounidense vio en el jazz una tarjeta de identidad propia, reconociendo y abriendo la escabrosa brecha para que, años después, el afroamericano fuera considerado un ser humano digno y con derechos propios. Ante la popularidad del jazz, el blanco también quiso sentirlo y así nacieron, en los años   ‘20, los New Orleans Rhythm Kings, que combinaban el estilo Nueva Orleans con el que ya venía apareciendo en Chicago. Así, el jazz, entre movimientos armados, revoluciones sociales y políticas en decadencia, daba una lección de integridad e igualdad social y sobre todo de libertad. Frases como “el jazz perdurará mientras la gente lo escuche con los pies y no con la cabeza”, dicha por Phillip Sousa, se fueron diluyendo con el paso del tiempo, porque el jazz no podía quedarse sólo en una simple melodía para bailar. La evolución era constante, y después de 30 años intensos entre las Big Bands y la explosión del swing, el jazz empezó a escucharse con la cabeza dando paso a una de sus mayores transformaciones.

    La llegada del Bebop

    El bebop nació de la frustración de los jóvenes músicos hacia las limitaciones que suponían los estilos ya establecidos. Eran músicos que empezaron a tocar ritmos más furiosos, llenando los espacios con solos imposibles e impensables para una orquesta, burlándose así de las normas y de las monótonas rutinas que tenía el jazz de la época.    Los más consolidados les dieron la espalda, pero estos músicos     tocaban desde las raíces y se mostraron más honestos que los que ya    se codeaban con los cantantes modernos de baladas como Charlie Crosby o Frank Sinatra. Dizzy Gillespie y Charlie Parker encabezaron    esta revolución de ritmos y tiempos. Consumaban su desparpajo y atrevimiento con cada solo interpretado ahí donde iban. El jazz se volvió culto, intelectual, pero nunca se alejó del Mississippi, tampoco de la calle, los bares y las noches de Harlem. Duke Ellington afirmaba que el jazz “no existe en el texto musical, sólo puede darse en la ejecución”, reafirmando que el virtuosismo del jazzista está en la inagotable imaginación para improvisar. El jazz ha seguido mezclándose con muchos estilos de música. Sigue en búsquedas personales sin un estilo definido, lo que puede parecer un camino incierto, pero rompe, y seguirá rompiendo, normas y reglas por naturaleza propia.

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