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Al Capone y el jazz

Fecha: 2015.10.22
Fuente: internet

 Convendría puntualizar este titular. Alphonse Capone, como descendiente de napolitanos, amaba el “bel canto” y veneraba a Enrico Caruso. Pero Capone era hijo de su tiempo y también apreciaba el jazz. De hecho, el desarrollo del jazz hubiera sido más lento de no haber contado con el patrocinio de Capone y otros gánsteres.

Inevitablemente, la Prohibición Alcohólica en los EE.UU (1930),  supuso la proliferación de tabernas, clubes y prostíbulos donde se podía consumir el líquido prohibido. Bastantes locales eran controlados directamente por bandas de contrabandistas y necesitaban músicos que animaran aquello.

Se recurrió a los” jazzmen” (en muchos casos, negros), para consternación de los sindicatos de músicos (reservados a blancos), que consideraban semejantes sonidos “vulgares”.
 
En Chicago, los” jazzmen” gozaron de la simpatía de Al Capone y su hermano Ralph. Dejando aparte su “modus operandi”, parece que Capone carecía de prejuicios raciales: se casó con una irlandesa, admiraba a los judíos y daba empleos a negros.

Algunos, como el contrabajista Milt Hilton, complementaban sus ingresos distribuyendo licor. En esas labores, Milt sufrió un accidente que hubiera sido aún más grave si llegan a amputarle un dedo. Según recordaba Hilton, llegó Al Capone justo a tiempo, y advirtió al médico que debían preservarle la mano.

Era una orden y así se tomó; Capone se ocupó de todos sus gastos hospitalarios.
 o todos los “jazzmen” tuvieron encuentros gratos. El pianista FatsWaller fue secuestrado en Chicago y llevado a la localidad contigua de Cicero, donde los Capone habían abierto incluso un Cotton Club, en imitación del cabaret de Harlem. En realidad, se esperaba que Waller animara la fiesta de cumpleaños de famoso Capo, cosa que hizo durante los tres días siguientes. Volvió con los bolsillos llenos de billetes, pero con el miedo en el cuerpo.

El guitarrista Eddie Condon decidió dejar de tocar en el “Alcázar” al descubrir que el propietario era Capone. Si estaba él, la juerga mantenía cierto decoro pero sus hombres tendían a la violencia, como comprobó el cornetista Jimmy McPartland: “Un mafioso podía romper una botella en la cabeza de alguien, luego se la restregaba por la cara y terminaba dándole patadas; mientras, nosotros no debíamos dejar de tocar para dar un cierto aire de normalidad a la situación” .

Muchos “jazzmen” de aquella generación transformaron en anécdotas sus encuentros con Al Capone. Y la mayoría eran risueñas: EarlHines recordaba propinas de 100 dólares. Otros no se sintieron tan impresionados: Al Capone prefería las melodías sentimentales.

 Lo cierto es que Al brillaba en comparación con su hermano menor, más brutal en público. Y se reveló como un maestro en las relaciones públicas. Sermoneaba a los músicos jóvenes, para que no olvidaran escribir a sus madres y les recomendaba asistir a oficios religiosos. Les prevenía contra los peligros de las drogas, aunque él era un consumidor secreto de cocaína.

El Capone histórico no estaba tan pulido, pero dominaba el arte de despertar empatía en sus encuentros. En unos minutos, llegaba a la intimidad y se ganaba la amistad de personas que olvidaban convenientemente el modo en que se ganaba la vida. Tenía maneras de político aceitoso.

 Aunque terminó ejerciendo de músico …  Encarcelado en  Alcatraz, formó un trío con otros presos. Tocaba el banjo, un invento afroamericano, pero recaló finalmente en la mandolina, un instrumento muy mediterráneo pero que no le ganó simpatías.

En 1936, estaba mostrando su nuevo instrumento a un funcionario cuando un penado rencoroso le clavó una cuchilla de barbero. Capone lo superó y vivió todavía 10 años más, falleciendo a consecuencia de una sífilis tardía contraída muchos años atrás.
 


 

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