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HISTORIA

VIGENCIA DE CHANO POZO

Por: VARIOS
Fecha: 2013.02.01
Fuente: VARIAS

  VARIOS ARTÍCULOS SOBRE EL GRAN PERCUSIONISTA CUBANO APORTARON LUCES A UN INTERCAMBIO EN UN AMBITO DE INTERNET. UNO DE SUS PARTICIPANTES NOS LOS HIZO LLEGAR PARA SU INSERCION EN ESTE ESPACIO. AGRADECIDOS ESTAMOS


"Chano Pozo, la Leyenda Negra"

Redescubrimiento de Chano Pozo

Por: Miladys Borges

Los pocos musicólogos y especialistas interesados en la vida del excepcional percusionista cubano Chano Pozo han quedado cautivados ante su controvertida figura, alrededor de la cual coexisten leyenda , tragedia y obligadas interrogantes. De todos ellos una de las más seducidas es Ileana Rodríguez, autora de una reciente investigación sobre el músico, nacido en la Habana en 1915 y asesinado a balazos en Harlem, Estados Unidos, en 1948, después de haber cristalizado junto a Dizzie Gillespie el Jazz Latino.

No fue su dramático final -una de las incógnitas que más atrapan- lo que estimuló durante más de un año a la realizadora en la búsqueda de respuestas a no pocas interrogantes. La investigación concluyó con la entrega del documental "Chano Pozo, la Leyenda Negra", premiado en la Feria Internacional Cubadisco2007 y cuyo propósito principal fue rastrear el paso del músico por la tierra que lo vio nacer.

Lamentablemente para muchos, la figura de Chano trasciende sólo a través de su impactante faceta en Estados Unidos, donde radicaba en 1947 y termina sumando exitosamente el sonido de sus tumbadoras a la banda del gran Dizzie. " Chano Pozo no fue únicamente el rumbero del barrio de Cayo Hueso que terminó teniendo éxito en Nueva York", reafirma la investigadora, durante una visita a Radio Habana Cuba mientras fluían la voz de Chano cantando "oye mi negra, que yo te canto esta rrrumba mía..., Miguelito Valdés con Blen
Blen Blem y la impostergable "Manteca" (grabada con Gillespie), todas verdaderas joyas del patrimonio musical cubano.

Ileana Rodríguez asegura que las dimensiones del cubano fueron mucho más amplias. "Era un gran compositor, aunque no tuviera letras muy elaboradas". Argumenta que con sólo 33 años , sin haber realizado estudios e incapaz de identificar en el papel una nota musical, Chano Pozo dejó una obra de más de 500 títulos y una cantidad increíble de grabaciones.

Indagar sobre esa faceta resultó difícil . Los medios de prensa apenas trataron su participación en espectáculos y otros acontecimientos musicales e Cuba. El Diario de la Marina, la revista Carteles y otras que hacían crónicas culturales del país en aquel tiempo, no tenían a Chano entre sus prioridades, precisa Ileana.

Sin embargo, Chano Pozo compuso para reconocidos intérpretes cubanos, como Miguelito Valdés, quien grabó su primera composición musical, y fue entrañable amigo de Rita Montaner .

"Era también sonero y un gran bailarín . Hizo un trabajo notable en los conjuntos habaneros de los años 30 y 40 y fue primer bailarín en el debut del espectáculo del famoso cabaret Tropicana " .

La investigadora afirma que el músico realizó un gran trabajo en la estación radial RHC Cadena Azul -una de las más populares de aquella época- , en el propio Tropicana y en otros salones del momento.

Chano, Gillespie y el Jazz Latino

"Aunque Chano no fue fundador del Jazz Latino, si es parte de su proceso de formación", precisa Ileana Rodríguez. "El género venía sedimentándose con la presencia de otros cubanos en Nueva York, como es el caso de Mario Bauzá, Machito y otros, incluso, puertorriqueños"."Todos coinciden en que su unión con Gillespie es la cristalización de ese proceso".

Dizzie hizo una comunión perfecta con Chano y mantuvo con él una buena amistad. Según la investigadora, el genial trompetista lamentó mucho la forma en que murió el cubano.

"Ellos estaban de gira por el sur de los Estados Unidos, en una época en que el racismo era más feroz que nunca. En el hotel donde se hospedaron robaron las tumbadoras de Chano y trajes de Dizie. Para reemplazar su instrumento, el rumbero viaja a Nueva York, pero una vez allí decide no retornar , asqueado de tanta discriminación. Dillespie insistió , a través de Machito, para hacerlo regresar, pero fue imposible, porque Chano tenía un carácter muy fuerte" .

Petrona Pozo aún llora a su hermano

La hermana de Chano, Petrona Pozo, vive aún, en Cayo Hueso, el mismo barrio donde se criaron. "Me quería con delirio, contó conmovida a la investigadora mientras recordaba las dos ocasiones en que él la fue a recoger en su automóvil descapotable para pasear por La Habana junto a Rita Montaner".

A casi 60 años del trágico final de músico cubano, su hermana recuerda detalladamente el momento de la partida a Estados Unidos. "No estaba en casa cuando fue a despedirse, pero luego corrí hasta el muelle a decirle adiós, por última vez", dijo llorando a la periodista.

Chano y Rita Montaner

Una de las interrogantes que rondan la figura de Chano Pozo es la posibilidad de un romance entre él y Rita Montaner. " Hay personas que aseguran que si, comenta Ileana Rodríguez, aunque opina que no hubo más allá de una buena amistad. "En realidad hay muchas incógnitas en torno a su vida que ya son imposibles de resolver -dice- , pues viven muy pocos de aquellos que lo conocieron, quedan pocos testimonios fidedignos y hasta existen
contradicciones en cuanto a su fecha de nacimiento, unos la ubican en enero, otros en febrero, aunque todos coinciden en que fue en 1915".

La tumba de Chano está en La Habana

Muy pocas personas conocen que los restos de Chano descansan en La Habana. Aunque murió en Nueva York, el tres de diciembre de 1948, su cadáver fue trasladado a la capital cubana dos días después.

"Según la prensa de la época, fue un entierro multitudinario. El mismo día en que murio; Amado Trinidad, su amigo personal y director de RHC Cadena Azul, cerró las transmisiones de la emisora y dijo una frase que ha trascendido: "ha muerto el tambor de Cuba".

Comenta la periodista que la muerte sorpresiva de Chano, "en pleno apogeo de su fama y facultades creativas, causó impacto entre el gremio de músicos y también entre el público, porque ya se conocían sus éxitos en Estados Unidos. No sé qué hubiera sucedido si hubiera vivido un poco más, porque ya estaba madurando como músico".

Para la investigadora, con el paso del tiempo Chano se ha quedado en un estrato más de los estudiosos que del público, pero entre los músicos ha existido siempre un gran respeto por su obra.

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Chano Pozo tiene un sitio de privilegio en la música cubana

Por: José Luis Estrada Betancourt

Era el 3 de diciembre de 1948, víspera de Santa Bárbara, y el increíble Chano Pozo, sin darle mucha importancia al altercado que había tenido con el puertorriqueño Eusebio Muñoz, El Cabito, se dirigió al café Río, de Harlem. Como de costumbre, se encaminó hasta la vitrola y eligió Manteca, el tema suyo que no paraba de sonar en la radio. Las melodías inconfundibles de la trompeta deGillespie y el repicar sin igual de los cueros del bongó de Chano se fundieron para elevar al popular bebop a la cúspide del arte, e inundar el lugar. Y Chano, hijo de Shangó, rompió a bailar como lo que era: el rumbero mayor. La danza, pura alegoría a la vida, terminó en muerte cuando El Cabito, con la pistola humeante en la mano, lo vio caer rotundo en el suelo.

«Es cierto que la historia de la muerte de Luciano Pozo González —Chano— tenía todos los ingredientes para que llegara hasta nuestros días, sin embargo, eso es lo que más ha trascendido, cuando por su aportes a la música cubana y universal se ganó un sitio de privilegio», comenta a JR la realizadora Ileana Rodríguez Pelegrín al ser interrogada sobre los motivos que la impulsaron a dirigir el documental Chano Pozo, la leyenda negra, ganador del premio Cubadisco 2007.

«No son pocos los mitos que se han tejido alrededor de este hombre que compuso muchas obras que, por cierto, no todas eran rumba. Cuando partió hacia Nueva York ya Chano había fundado el Conjunto Azul —en cuya nómina estaba su hermano Félix Chapotín—, septeto insignia de la RHC Cadena Azul y del Cabaret Nacional; había sido el primer bailarín del primer espectáculo de Tropicana; había compartido escenario con su amiga Rita Montaner... es decir, que ya era conocido, lo que quizá por ser negro y pertenecer al “ambiente” —en una riña recibió dos balazos, uno de los cuales nunca se pudo extraer—, no lo tenía todo a su favor, cuenta Ileana.

«Nos parecía que era una figura de gran importancia para la historia de la música y que no gozaba del reconocimiento social, pues su gloria se quedaba entre los músicos —y no te creas, porque a veces estos no saben de la misa ni la mitad. Su caso no era el de Benny Moré, Compay Segundo, Ignacio Piñeiro, la propia Rita Montaner..., más cercanos a los cubanos. Él no tiene esa presencia dentro de la memoria musical cubana».

—La tarea debió ser muy ardua...

—Mucho, no fue fácil indagar sobre su historia. Y es que Chano no fue solo el músico que logró la combinación perfecta con Dizzy Gillespie; el hombre que entró las tumbadoras definitivamente al mundo del jazz. Gracias a él, se revolucionó el bebop y apareció el cubop, que era lo que interpretaban él y Gillespie, cuyo testimonio explica que Manteca, su obra cumbre, salió mientras Chano le dictaba la música que llevaba por dentro. Y es que era autodidacta, mas como se había criado en el barrio de Cayo Hueso, había aprendido perfectamente bien los toques de tambores y la rumba en los solares de La Habana.

«Chano, amigo de Miguelito Valdés, fue un excelente percusionista, pero también cantaba y bailaba. Es muy simpático, porque Gillespie contaba que, al mismo tiempo, cantaba una cosa, tocaba otra y bailaba una tercera. Era una locura. Llegó a grabar incluso con James Moody & His Bop Men varios temas como el afamado Tin Tin Deo... Todo lo fui descubriendo a medida que me adentraba en la investigación. Eran tantas, y yo deseaba ofrecer la mayor
cantidad de datos posibles, que el documental dura una hora y 14 minutos».

—¿Y cómo organizaste Chano...?

—Tratamos de hacerlo casi cronológico. Para conformar la estructura busqué un orden, comencé desde que su talento se empezó a manifestar aún niño, a pesar de que tuvo una vida muy azarosa, quedó huérfano de madre y estuvo en un reformatorio para jóvenes, y terminé en su muerte. Quise llevar a la par aristas polémicas de su existencia, como el supuesto romance con la Montaner, pues mis maestros me enseñaron que este tipo de audiovisual debe tener algún punto contradictorio, y el que encontré fue: cómo siendo tan
conocido internacionalmente no tuviera igual reconocimiento en Cuba —muchos ignoran, por ejemplo, que fue enterrado aquí el 5 de diciembre de 1948. También les ofrecí a algunos músicos la posibilidad de que valoraran su legado. Nuestro objetivo era descubrir cuál fue realmente la misión de Chano en el origen del jazz latino y qué cosas resultaron de su unión con Dizzy Gillespie.

—Supongo que no había muchos materiales donde buscar...

—Leí materiales en la Biblioteca Nacional y en el Instituto de Lingüística, busqué bibliografía de la época, aunque no hallé mucho. De la muerte encontré solo referencias en El País y en la Bohemia, no más. El libro de Rita Montaner mencionaba, por otra parte, las galas en las que él participó, etc. También me apoyé en personas que se habían dedicado a estudiar a fondo su vida, como Leonardo Padura, y en musicólogos que han hecho análisis de este fenómeno. Por supuesto, me entrevisté con su hermana, con Manuel Villar que fue su vecino, entre otros. Me quedó Portillo de la Luz, con quien no pude coincidir, pero quien, no obstante, me dio algunos elementos que me ayudaron. Esencial fue para el documental el aporte de Neris González Bello, mi asesora.

—Algunas personas te relacionan como la antigua jefa de información de la Cartelera de La Habana, pero no conocen tu labor como realizadora...

—Es cierto y, sin embargo, me gradué de dirección en el ISA. Antes de estar en la Cartelera trabajaba en la televisión (Testigos del tiempo, Haciendo caminos). Este viene siendo como
el décimo documental que hago, entre ellos están El otro Hemingway, con Gregorio Fuentes —su última entrevista, pues falleció cuando estábamos editando—; y la serie sobre Raúl Gómez García titulada La senda de la felicidad, que dirigí junto a César Gómez. Empecé en el telecentro de la Isla, donde realicé De olvido y esperanzas, que me valió un premio en el
Festival Nacional de Telecentros de 1999.

«Poseo cierta formación periodística, pues llegué hasta tercer año de Periodismo, y luego me cambié de carrera. Por eso he llevado a la par el audiovisual y la prensa escrita, pues no he podido desprenderme de una cosa ni de la otra. Tengo que confesar que lo que más me gusta dentro de esta profesión es realizar documentales, porque lleva en sí periodismo y arte».

—¿Sorprendida por el premio?

—Mucho, pero feliz y muy agradecida, porque como quiera que sea la decisión fue de un jurado especializado en temas musicales y que, sin dejar de apreciar lo artístico, evalúa con rigor el contenido. Este premio se lo dedico a todo el equipo técnico que trabajó conmigo, como José Muñón, director de fotografía, y sobre todo al editor Ernesto Barrios, que falleció
recientemente en Bolivia, y a Tony Soto, quien fue el narrador, y nunca llegó a ver el documental. Ya se estrenó en un festival de jazz en el Amadeo Roldán, y luego se pasó por el espacio A todo jazz, pero lo que más quisiera es que se exhibiera en todas partes.

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Chano Pozo, ¿Quién eres tú?

Por: Ciro Bianchi

Llevaba la música por dentro y la expresaba de qué manera, pero si se le preguntaba acerca de lo que había hecho se quedaba sin respuesta. No estudió música y era incapaz de identificar en el papel una nota musical.

"Debemos recordar su nombre para que no se pierda como el de tantos artistas anónimos que durante siglos han mantenido el arte musical de su genuina cubanía", escribió hace ya muchos años don Fernando Ortiz.

Chano Pozo fue un revolucionario entre los tamboreros de jazz; su influjo fue directo, inmediato, eléctrico. Los más reputados músicos de batería se estremecían ante el inesperado reformador. Por el tambor de Chano hablaban sus abuelos, pero también hablaba toda Cuba, pues el músico Chano, que injertó en el jazz de Norteamérica una nueva y vigorosa energía fue cubano ciento por ciento.

En La historia del jazz, Marshall W. Stearns apunta que después de Chano no hubo límite alguno para el ritmo. Y Leonardo Acosta, por su parte, asevera que el músico cubano jugó un papel individual de suma importancia en una de las revoluciones más notables que hubo en el jazz, la del bop. «Es el tamborero más grande que he oído en mi vida», afirmó en cierta ocasión Dizzy Gillespie y sintetizó de esa manera todas las opiniones en torno a Chano.
Se dice que Luciano Pozo González —Chano— nació en La Habana, el 7 de enero de 1915, que figura en las comparsas habaneras, que algunos de los números que compuso «Pin Pin y Nagüe» lo hicieron relativamente rico, que compró y destrozó varios automóviles, que le exigió a su editor un adelanto de mil pesos y que solo pudo sacarle los cuatro balazos que sus guardaespaldas le metieron en el cuerpo y que lo pusieron al filo de la muerte, y que cuando, años después, lo asesinaron, le encontraron ocultos en el tacón de su zapato izquierdo varios billetes de mil dólares. Días antes de su muerte Chano había puesto fin a una gira con la orquesta de Gillespie, que lo llevó por varias ciudades meridionales de los
EE. UU. La orquesta quedó en Jacksonville y él regresó a Nueva York porque, según comentó con Miguelito Valdés, no podía soportar el trato que en el sur de ese país recibían los negros. Proyectaba un viaje a La Habana, donde pasaría las navidades y compraría unos cueros nuevos porque le habían robado los suyos en la estación de trenes de Virginia. Era ya una celebridad. «Manteca», una de sus últimas grabaciones, le había reportado una gruesa suma de dinero, cobrada horas antes de que lo asesinaran. Después de las vacaciones en Cuba, cumpliría con un contrato en Billy Berg, el famoso cabaret-restaurante de Hollywood que le serviría de antesala para su debut en Broadway. Las pantallas del teatro Strand lo anunciaban: «Manteca-Chano Pozo con la orquesta de Dizzy Gillespie».

Toco lo que siento
Chano era un negro muy feo, bajito, trabado, con cara de luna y dientes todo el día afuera. Durante años vendió periódicos y limpió zapatos hasta que Rita Montaner logró colocarlo en la RHC-Cadena Azul, y creó un conjunto musical en esa emisora. Antes se había sometido a prueba para formar parte de la orquesta Casino, pero no lo aceptaron por motivos raciales.
Rita Montaner y Miguelito Valdés lo convencieron para que saliera de Cuba. Esperaba buscar y encontrar su ambiente en los EE. UU. y allí se topó con Gillespie. El músico norteamericano tocaba y Chano se puso a acompañarlo con una tumbadora.
-¿Qué tú haces? -le preguntó Gillespie.
-Todo lo que siento -respondió Chano.
Llevaba la música por dentro y la expresaba de qué manera, pero si se le preguntaba acerca de lo que había hecho se quedaba sin respuesta. No estudió música y era incapaz de identificar en el papel una nota musical. Nunca se puso en claro la causa de su muerte. ¿Deudas? ¿Drogas? ¿Cuestiones religiosas? ¿Machismo? El caso es que Eusebio Muñoz un individuo al que apodaban El Cabo, le partió el corazón en Harlem. Fue en 1948, la víspera de Santa Bárbara, su ángel de la guardia.

Quince dólares
-Lo mató una riña entre hombres.
Miguelito Valdés se encogió de hombros e hizo un gesto despectivo con la mano. Miró hacia el féretro gris donde Chano parecía que aún soñaba con su entrada por la puerta grande en el mundo artístico norteamericano. Y concluyó:
-¿Para qué averiguarlo?
Caridad Martínez, la mujer de Chano, aseguró al periodista Omar E. Llep, que investigó sobre el asesinato del músico:
-Ese día Chano salió de la casa más alegre que nunca. Solo pensaba en su próximo debut en el Strand. Me habló sobre el incidente con El Cabito, pero sin darle importancia. Son inciertas sus declaraciones de que Chano quiso robarle 15 dólares.
Lo cierto es que Chano entregó ese dinero a El Cabito para un encargo y como El Cabito no cumplió, Chano se lo reclamó de forma violenta y hasta llegó a abofetearlo en público. Chano no era hombre a quien le importaran 15 dólares. Los amigos intercedieron y El Cabito se mostró dispuesto a olvidar el asunto si Chano reparaba la ofensa. Pero la reconciliación no se produjo.
-La verdad del caso- dijo Caridad Martínez a Llep- es que a El Cabito le dieron «máquina» para que actuara como actuó.

El crimen
Chano insertó una moneda de cinco centavos en la ranura de la victrola. El disco descendió sobre el plato giratorio y del surco negro en espiral comenzaron a brotar los ritmos iniciales -trompeta y bongó- de una música semisalvaje. El café Río, de Harlem, se fue llenando con repique furioso de los cueros que tejen despuntes sobre la melodía de «Manteca». Chano se quedó inmóvil un instante con los ojos fijos en el plato negro, mirando embebido cómo se enroscaba la aguja mágica que iba traduciendo en sonidos los compases de su última composición, de su «Manteca», el be-bop triunfal que lo había instalado en el pináculo de la
fama vernácula neoyorquina.
Los dedos le temblaron y Chano alargó las manos como si buscara inconsciente, automáticamente los cueros que nadie como él sonaba, y el curveante ritmo del be-bop se le metió en el cuerpo. Las caderas le contonearon, los ojos se le llenaron de destellos y comenzó a bailar solo, solo física y mentalmente.
La puerta de cristal del café Río se abrió sigilosamente. Tan furtivamente quiso penetrar el que llegaba que ni siquiera se valió de las manos, hundidas en el fondo de los bolsillos del abrigo. Proyectó la punta del zapato entre el marco y la hoja de la puerta, encorvó la rodilla y
empujó. Por la abertura se escaparon hasta la acera de enfrente de la avenida Lenox las notas del montuno de «Manteca».
Era Eusebio Muñoz, El Cabito.
Con las manos aún en los bolsillos del abrigo, El Cabito se afincó en el piso, buscó un claro por entre los circundantes y cuando Chano, en uno de los giros de la danza le presentó el pecho, sacó la diestra y la alzó a la altura de los ojos.
Sonó un disparo y Chano se desplomó, cortado el baile por un tajo brutal, con el corazón partido por el balazo. Eusebio Muñoz, lívido el rostro todavía y apretados los labios, dio varios pasos al frente, se aproximó al cuerpo inmóvil de Chano, lo miró durante un segundo y sin pronunciar palabra volvió a descargar la pistola una, dos, seis veces sobre el bongosero y compositor, inerte en un charco de sangre.
En la victrola, la aguja seguía enroscándose en la traducción mecánica de los compases postreros de« Manteca»

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CHANO POZO  LA CUMBRE Y EL ABISMO

Por: Leonardo Padura

¿Quién era, en realidad, aquel negrito feo y guapetón que gracias a su habilidad innata para golpear el tambor escaló uno a uno todos los peldaños que conducen a la inmortalidad? De la Timba a la inmortalidad: tras las huellas del más grande percusionista cubano de todos los tiempos.
«Chano Pozo fue un revolucionario entre los tamboreros del jazz; su influjo fue directo, inmediato, eléctrico (...). Por el tambor de Chano Pozo hablaban sus abuelos, pero también hablaba toda Cuba. Debemos recordar su nombre para que no se pierda, como el de tantos artistas anónimos que durante siglos han mantenido el arte musical en su genuina cubanía.»`
Fernando Ortiz

Ahora estoy convencido de que Caridad Martínez, la mulata blanconaza y esbelta que vivió varios años con Chano Pozo, jamás conoció a su hombre. Me lo revela el hecho de que Cacha llegó a declarar aquel sombrío 3 de diciembre de 1948, vísperas de Santa Bárbara; que Chano salió de la casa «más alegre que nunca», con la mente asediada, únicamente, por las ilusiones de su próximo debut en el Strand. Pero, en realidad, Chano Pozo, establecido ya en la cumbre de su carrera artística, con tanto dinero en los bolsillos como jamás se imaginó que existiera en el mundo, era ese preciso día un hombre triste y melancólico, maltratado por la nostalgia y con muy pocosdeseos de pensar en el futuro.

Mientras cubría el camino entre su apartamento neoyorquino y el Río Cafe and Lounge de la calle 113, el más grande de los tamboreros cubanos miraba sin entusiasmo las infinitas luces de la opresiva ciudad, algunas de las cuales servían para resaltar su propio nombre: « ‘Manteca’, Chano Pozo con la banda de Dizzy Gillespie». Mas, con los pies heridos por el frío de Nueva York, Chano Pozo no pudo impedir que su corazón se le hubiera ido hasta La Habana: A esta misma hora, Chano, en Cayo Hueso, Pueblo Nuevo y Belén, los altares tapizados de rojo están llenos de ofrendas y velas, esperando el 4 de diciembre y los tambores ya están llorando su salvaje plegaria de `bienvenida al guerrero Changó, tu padre, dueño del rayo y la espada. Pero esta `noche faltará tu tambor, Chano... En Nueva York, solo tú piensas en Changó.

Aún quedaban dos horas para la media noche cuando Chano Pozo entró en el Río Cafe and Lounge y, después de saludar a unos amigos, se dirigió a la victrola pues, de tanto pensar, había encontrado una forma de saludar el día de la Santa Bárbara. .. Chano Pozo nunca pudo imaginar que, antes de la media noche, lo sacarían de aquel local envuelto en dos manteles rojos y con siete balazos en el pecho.

VIAJE A LA SEMILLA

Cayo Hueso, la verdad, ya no es Cayo Hueso. De la antigua y reconocida fiereza de este barrio capitalino solo quedan los ecos de su fama miserable y violenta; de sus más renombrados y tétricos solares sobrevive ahora, si acaso, una vetusta fachada incapaz de apresar lo que hubo en sus entrañas. En la actualidad uno puede desandar a cualquier hora del día ?o de la noche?, sus más famosas calles sin temor a que una navaja sigilosa le
atraviese un pulmón o que lo encuadrillen en una esquina y le quiten hasta los calzoncillos. Ahora en Cayo Hueso hay edificios grandes, limpios, hasta lujosos, y el Parque de Trillo es un lugar para que los muchachos corran y se diviertan.

Durante muchos años este barrio, con ventaja sobre Pueblo Nuevo y Belén, se ha disputado la paternidad de Chano Pozo, aquel percusionista callejero que, en un tiempo récord y con sus tambores cubanos, logró revolucionar la revolución del be bop. Tras la pista de Chano Pozo ando y desando Cayo Hueso, converso en las esquinas, observo los sitios que frecuentó, respiro el aire que él respiró y de pronto siento que el barrio vuelve a ser el mismo de antes y consigo escuchar la frenética rumba de cajón que se ha armado en el solar Rancho Grande, escucho los gritos de la bronca fraticida que hay en el Parque de Trillo y observo con recelo de forastero el paso tempestuoso de dos guapos que advierten en voz alta que ellos sí no creen ni en la madre que los parió y se matan con cualquiera...

?Yo no sé si Chano nació aquí o no ?me advierte Herminio Sánchez, un mulato flaco y de voz cansada, que se considera una autoridad en la historia oculta de Cayo Hueso. Lo que sí sé es que aquí fue donde pasó su miseria más grande. Por aquí andaba él, hecho un apargatú, con su hermano mayor, Mamadeo, y sus socios Armando el Mono y Francisco el Africano. Por cierto, Mamadeo fue el que, en una bronca que tuvo Chano, mató a un hombre de una
puñalada, y el pobre Mamadeo se murió en la cárcel...

En este barrio Chano salió con las comparsas, aquí se hizo abakuá, del fundamento «muñanga», que es uno de los juegos de este barrio. Y de otra cosa que estoy seguro es de que vivió ahí, en la otra esquina, en el solar El África.

«Y el África era un solar de ampanga, mi compadre. Por las noches se alumbraba con un solo bombillo y las tendederas y guindalejos daban más oscuridad todavía. Aquello era una jungla y de contra allí vivían como 200 negros… ¿Se le podía llamar de otra forma mejor? Era el África misma. Y fíjate si era malo, que allí no entraba la policía. No se atrevían. Pero lomejor que tenía era sus cinco salidas: uno entraba por una puerta y podía salir por donde quiera. »

El solar El África ha corrido la suerte de otras cuarterías. En 1980 fue demolido y solo existe hoy su inofensivo frontón. Muchos aseguran que justamente en El África nació Chano Pozo.
?La gente no debe hablar de lo que no sabe, muchacho. Para saber esas cosas hay que conversar con la familia, ¿verdad? ?me asegura Petrona Pozo, la hermana más pequeña de Chano, la preferida del músico y la única sobreviviente` de aquella estirpe. Nosotros nos mudamos para El África cuando ya éramos grandecitos, después que murió mamá. Pero nacimos, todos, en El Vedado, en el Solar Pan con Timba, de la calle 33: de ahí salió Chano
Pozo.

UN HOMBRE AFORTUNADO

?Después de todo Chano fue un hombre con mucha suerte ?afirman, puestos de acuerdo por única vez, familiares, amigos y conocidos del excepcional tamborero cubano. Hay que tener tremendísima suerte para salir de donde él salió y llegar hasta donde él llegó.

?Y fíjate si tuvo suerte ?remata Herminio Sánchez? que le cayó bien al senador Hornedo, el dueño del periódico El País, que vivía en la casona esa que hay en Carlos III y que ahora es la Casa de la Cultura, esa. Porque Chano Pozo era un tipo, vaya, así, chistoso y jodedor, y era el único aquí que tocaba el tambor, cantaba y bailaba, y lo que tocaba era inventado por
él. Y na’, cosas de la vida, le cayó bien a Hornedo y entraba y salía de su casa cada vez que le daba la gana. Y Hornedo fue el que lo levantó. ?La verdad es que Hornedo fue muy bueno con él, asegura, también, Petrona Pozo.

«Gracias a él Chano no tuvo que vender periódicos ni limpiar zapatos como mi padre, que estuvo de limpiabotas, hasta que se murió, ahí en la esquina de Zanja y Belascoaín. Pero la persona que más ayudó a mi hermano fue Amado Trinidad, el dueño de Radio Cadena Azul. Fue, incluso, el que gastó su dinero para que a Chano lo enterraran en Cuba.»

?Yo conocí muy bien a Chano ?confiesa, con un dejo de orgullo, Roberto Cortés Ibáñez, hermano de religión de Chano Pozo. Lo conocí cuando chiquito, pero después lo dejé de ver porque estuvo hasta los 16 años en el Reformatorio de Menores de Guanajay. Ahí fue donde Chano aprendió a leer y escribir. Y después nos volvimos a ver cuando Chano se mudó para el solar El Ataúd, en el barrio de Colón, muy cerca de mi casa. Allí vivía con Laura, una de las mujeres que tuvo. Chano era un tipo bajito, pero muy fuerte. Y era también muy impulsivo y no le tenía miedo a nadie.  «Pero creo que donde se equivocó fue metiéndose a abakuá, porque la religión no tiene nada que ver con la guapería y, además, nosotros no tenemos que andar pregonando por ahí que pertenecemos a esa hermandad.

Incluso, Chano murió expulsado de su juego, no por un problema de hombría, no, su lío fue que, grabó para Radio Cadena Azul unos cantos secretos y su juego lo expulsó por 120 años.

«Por otro lado, yo sí sé que la persona que más ayudó a Chano Pozo en este país fue Rita Montaner. No vayan a estar creyéndose lo de Hornedo ?aclara ahora Roberto Cortés. Hornedo no era tan bueno ni quería tanto a Chano, como dice la gente. La verdad... no sé si debo decírtelo, pero bueno, de eso hace mucho tiempo. La verdad es que Chano era uno de los guapos de Hornedo, que como político al fin tenía su piquete de matones. Fíjate, era una época muy dura y no había forma de ganarse cuatro pesos, así que Chano, después que salió del Reformatorio, no tuvo más remedio que trabajar para Hornedo.

«Y ya que te dije eso, te voy a decir otra cosa que nadie sabe: cuando Rita Montaner ayudó a Chano, y salieron juntos bailando en los Dandys de Belén, ellos eran marido y mujer, no casados, claro, pero marido y mujer al fin y al cabo.»

UN ROSTRO EN LA MUCHEDUMBRE

¿Quién era, en realidad, aquel negrito feo y guapetón que gracias a su habilidad innata para golpear el tambor escaló uno a uno todos los peldaños que conducen a la inmortalidad? ¿Quién era este hombre que obligó escribir a un renombrado crítico de jazz que «la poderosa y principal influencia de la música afrocubana sobre jazz y, especialmente, en el bop, alcanzó su punto culminante en el invierno de 1947, cuando el director, de banda Dizzy Gillespie contrató al tamborero cubano Chano Pozo para un concierto en Town Hall»?

¿Quién era, en verdad, Luciano Pozo González?

Chano Pozo era todo lo que dicen los cronistas, sus familiares, sus amigos, pero mucho más: Chano era el marginalismo habanero de su época, y era La Habana misma, maltratada y alegre, ruidosa y adolorida.

?Por eso cualquiera te puede decir algo de Chano, porque Chano estaba en todas partes ?confirma Roberto Cortés. Lo mismo vivía en un barrio que en otro, andaba, con esta o con aquella mujer, y salía con cualquier comparsa. Para que veas, que todavía me acuerdo, él fue bailarín y tocador de El Barracón, La Mejicana, La Colombiana Moderna, La Sultana y La Jardinera. Con los Dandys de Belén, haciendo figura de «varón», salió después, ya en los
años 40, porque para dirigir los Dandys había que tener dinero y buena ropa.
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?Chano empezó a subir cuando entró en Radio Cadena Azul, la emisora de Amado Trinidad ?recuerda su hermana Petrona; enseguida empezó a ganar buen dinero y lo primero que hizo fue comprarse un traje de petronio, esa tela carísima. Después invertía todo su dinero en trajes y prendas. Nunca se me olvidan el sortijón que se compró, que tenía una piedra del tamaño de un garbanzo ablandado y la medalla de Santa Bárbara que usaba en la cadena: era del tamaño de las tapas esas de los litros de leche y pesaba una barbaridad. Toda la corona de la virgen era de rubíes. Pero, como te decía, ahí en la emisora fue donde fundó la Orquesta Azul y empezó a hacerse, famoso de verdad. Y también fue allí donde conoció y se hizo amigo de Rita Montaner. ?Aunque yo era muy chiquito me acuerdo de Chano en la casa de Rita ?relata Cala, fotógrafo de oficio, bongosero de corazón, conocido entre los jazzistas cubanos como el blanco con manos de negro. Yo era amigo de la familia y como me gustaba tanto la música, me colaba en las fiestas que daban los fines de semana. Y había que ver tocar a ese hombre: sacaba música hasta del piso, porque se tiraba en el suelo y con esas manazas que tenía empezaba a repiquetear en las lozas. Del carajo... Según tengo entendido fue Rita quien lo metió en Radio Cadena Azul y Chano siempre se lo agradeció.
Aunque era muy bruto, fue sentimental y agradecido.

?Por esa época, ya a principios de los años 40, Chano Pozo era un personaje famoso en Cuba, porque tenía la Orquesta Azul y era el músico exclusivo de la emisora ?me cuenta Adrían Zanabria, veterano bailador de comparsas habaneras. Yo me acuerdo de que Chano siempre andaba para arriba y para abajo con Manana, que era como todo el mundo le decía a Agustín Gutiérrez, el que fue bongosero del Septeto Habanero y también del Septeto
Nacional. Chano y Manana formaban una pareja terrible y yo los vi hacer cosas que parecen de locos. Un día yo los fui a buscar a El Ataúd, para irnos de rumba, y antes de salir Chano cubrió la cama con billetes de cinco y diez pesos, porque ya tenía mucha plata, y después, como estaba sudado, se tiró de espaldas en la cama y le dijo a Manana: «Negüe, lo que se me quede pega’o en el lomo es pa’ gastarlo hoy». Manana le desprendió 95 pesos de la espalda, y para gastar eso en un día, ¡ay mi madre!, como había que hacer cosas en esta Habana. Pero entonces fue que vino lo mejor. Chano abrió el escaparate donde tenía como 20 trajes, de las mejores telas, y se puso a hablar con los trajes. Él hacía así, se mordía el nudillo del dedo este, el anular, y le hablaba entre dientes a los trajes. Él les decía: A ver, a ti
no te voy a sacar hoy porque estás muy pesa’o últimamente. Y tú ?le decía al otro? tú ni me mires, descara’o, que te enfangaste to’ el otro día. Y a ti, ¿qué te pasa? Na’, na’ no te pongas triste, que tú eres el que va a salir hoy? y escogía ese. Para mí que Chano no estaba muy bien de la cabeza, ¿eh? «Pero todo eso que se dice, que si Hornedo, que si Amado Trinidad, dígale a la gente que no: el hombre que más ayudó a Chano Pozo en este mundo fue
Miguelito Valdés. Fíjate: Miguelito fue el que le grabó las canciones a Chano en los EE.UU., como aquella que decía Blem, blem, blem, y nunca le hizo maraña con el dinero, como pasó aquí en Cuba, en la Asociación de Derechos de Autor, que le tumbaron dinero a Chano y luego hasta le metieron un tiro en la barriga. Pero además Miguelito fue el que inventó lo de la academia de baile que Chano y Manana hicieron en El Ataúd, y el mismo Miguelito les mandaba para acá a las americanas que querían aprender a bailar rumba, aunque de verdad lo que ellas querían era otra cosa: vaya, por lo claro, venían a fumar y a joder aquí. Y también fue Miguelito Valdés quien le consiguió a Chano su primer contrato en los EE.UU. y lo mandó a buscar para que Chano Pozo triunfara allá y se hiciera, de verdad, el tumbador más grande que ha dado este país».

EL CAMINO DE LA GLORIA Y DE LA MUERTE

«Me acuerdo como si fuera hoy el día que Chano salió para los EE.UU. A mí se me hizo tarde y tuve que ir corriendo para el puerto, porque se iba por barco para llevarse el convertible rojo que se había comprado con un dinero que le mandó Miguelito Valdés. Él pensaba estar allá por poco tiempo, y por eso se fue hasta con Cacha, la mujer que él tenía por esa época —dice Petrona y observa entonces el altar que está a su lado. Pero yo sabía que Chano no iba a volver. Lo sabía. Unos días antes él se hizo un registro y le salió que tenía que hacerse santo, hacerse Changó, antes de cruzar el mar. Pero mi hermano era muy desobediente y dijo que cuando regresara él se lo hacía. Pero yo sabía que Chano no iba a volver. Changó no perdona». «Cuando Chano llegó a EE.UU., yo tenía ya mi propia orquesta —relata Dizzy Gillespie, el excepcional trompetista que junto a Charlie Parker y Chano Pozo desarrolló hasta sus últimas consecuencias la revolución del be bop. Pero el problema es que no encontraba un buen tamborero. Entonces fui a ver a Mario Bouzá, quien ha sido mi padrino musical, incluso el que me consiguió un puesto en la banda de Cab Calloway cuando la banda de Cab era la mejor de New York. Entonces le pregunté a Mario, que era una autoridad en
música afrocubana, si conocía algún tamborero bueno de verdad. Tengo un muchacho para ti, pero no habla inglés, me dijo. Así fue como tomé a Chano Pozo y no me arrepentí nunca. Cuando lo vi tocar siete tambores a la vez supe que había encontrado un genio de la música. Y, por cierto, no hizo falta que hablara inglés: logramos entendernos perfectamente, por el
lenguaje de nuestros ancestros».

Al sumarse a la banda de Dizzy Gillespie empieza para Chano Pozo el camino hacia la consagración y la fama. Junto al gran trompetista norteamericano emprende una gira por varias ciudades del país y graba, entre otros éxitos, una pieza clásica del jazz latino: «Manteca». Es la apoteosis de los tambores cubanos que enriquecían, definitivamente, la concepción rítmica de la música estadounidense.

Chano se había convertido «en una celebridad —ha escrito Ciro Bianchi Ross, en un lúcido reportaje. ‘Manteca’ le había reportado ya una buena suma de dinero, cobrada horas antes de ser asesinado. Después de unas vacaciones cumplimentaría un contrato en Billy Berg, el famoso cabaret-restaurante de Hollywood, que a su vez le serviría de antesala para su debut en el Strand.  Las pantallas de los trailes del teatro Strand ya lo anunciaban… » «Con Chano Pozo habíamos tenido un éxito inmediato —recuerda, conmovido, Dizzy Gillespie. Pero lo que es más importante: Chano cambió el gusto de la música en los EE.UU. y a mí me alegra haber tenido algo que ver con ese fenómeno. Chano, con sus siete tambores cubanos, fue el factor decisivo en el proceso de introducir e integrar la música afrocubana en el jazz
norteamericano. Chano Pozo fue un innovador y un nuevo punto de partida.»

«¿Cómo no iba a ser así, mi amigo? Ese hombre podía hacer con sus tambores lo que le diera la gana... Fíjate, cuando Cristóbal Colón llegó a Cuba, ya Chano Pozo era, hacía rato, el mejor tumbador que ha dado este país, y yo sé que, todavía no ha vuelto a nacer otro como él» —sentencia, sin posibilidades de discusión, Cala.

«Pero Chano no se sentía bien en los EE.UU., seguro que no —afirma Idelfonso Inclán, El chino, masajista de boxeadores famosos, entre los que se cuentan Kid Chocolate y Kid Gavilán. Él quería regresar porque sabía que se la debía a Changó y porque su ambiente estaba en La Habana y cuando hizo la gira por el sur de los EE.UU. vio que allí lo trataban como a un negro cualquiera y no como él se merecía o pensaba que se merecía. Como él y yo
nos conocíamos desde el año 30 y salimos juntos en los Dandys, él fue varias veces al gimnasio Stigman, donde yo trabajaba para Sugar Robinson, a que le diera masajes y siempre lo noté muy tenso. Y, por cierto, yo estaba presente el día que se conocieron Chano y El Cabito.»

TRISTE, SOLITARIO y FINAL

Chano Pozo estudió la pizarra de la victrola. Introdujo una moneda en la ranura y marcó el D-3. Por la bocina del reproductor empezaron a desfilar, atropelladamente, las notas salvajes y agresivas de una melodía nacida en el corazón de África, cinco siglos atrás. «Manteca» inundó el Rio Cafe and Lounge y Chano Pozo, su autor, cerró los ojos: Ahora estás en La Habana y tocas la bienvenida al manto púrpura encendido de tu irascible padre africano. No sientes que tus pies tiemblan y empiezan a golpear el piso, unay otra vez, y otra vez.

Las puertas del Rio Cafe and Lounge volvieron a abrirse y un hombre penetró en el local. Las manos, ocultas en el bolsillo de su gabán. Eusebio Muñoz, alias El Cabito, un ex combatiente marcado por la psicosis de una guerra en la que fungió como francotirador, observó a su desprevenida víctima.
—Fue por mujeres —opina Cala.
—Por desobediente, Changó se lo advirtió —me dice Petrona Pozo.
—Drogas, seguro —afirma Roberto Cortés.
—Dinero, un lío entre hombres —asegura Herminio Sánchez, repitiendo la versión que Caridad Martínez, Cacha, dio a los periodistas. Pero Cacha no conocía a su hombre. Sin embargo, su versión —confirmada por una cantante cubana radicada en Nueva York—, fue la más difundida: El Cabito le debía 15 dólares a Chano y Chano se los había reclamado en público. No obstante, al morir, el tamborero cubano tenía 15 mil dólares en el banco y más de 1 500 en los bolsillos. Pero El Cabito, había sido ofendido entre los hombres.

—La verdad es que fue un lío de drogas ?recuerda El Chino Inclán: El Cabito le vendió a Chano una hierba que no era buena y Chano le metió una galleta en público y luego no quiso disculparse. Entonces El Cabito juró que lo iba a matar como un perro.

—Pero no fue marihuana —asegura, a su vez, Adrían Sanabria. El lío era más gordo, era coca, y solo se pueden pensar dos cosas: o Chano no supo usarla o de verdad El Cabito lo quiso estafar. Mientras, de frente a la victrola, Chano ponía a circular por sus venas toda la historia sagrada y guerrera de su sangre africana: Tus manos dispersaban las penumbras del solar El África, tus pies pulían el cemento sucio de El Ataúd, tu voz profunda rompía las paredes enclenques de Pan con Timba.

Cuando Chano Pozo giró, el recién llegado extrajo su revólver y disparó una vez. El ídolo de la música cubana cayó al suelo, con el corazón perforado. El Cabito se acercó al cuerpo que se movía ahora con el ritmo espasmódico de la muerte y, sin prisa, le disparó seis veces más…

Chano Pozo yacía en un bar de Nueva York, pero, en realidad, había muerto en su Habana, aunque la ciudad que lo hizo a su imagen y semejanza debió esperar ocho interminables días para cubrir con su tierra el cuerpo del más grande y triste de los tamboreros cubanos.

Tomado de El viaje más largo. Ediciones Unión. La Habana,1994.

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