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HISTORIA

La Riverside

Por: Lino Betancourt Molina
Fecha: 2013.01.20
Fuente: Radio Cadena Habana

Si bien es cierto que el Mambo tuvo una alta difusión en México gracias a la Orquesta de Pérez Prado (cantando Benny Moré), no es menos verdad que este ritmo mucho tuvo que ver con la popularidad de orquestas tipo jazz band en Cuba que aunque creadas en la década del treinta, gracias al Mambo se hicieron famosas. Tal es el caso de la Riverside.

A nuestro juicio fue esta orquesta la que alcanzó, en su momento, la más alta expresión en Cuba al cultivar las piezas creadas por Dámaso Pérez Prado.

La Riverside fue fundada en La Habana en el año 1938 por el compositor, violinista y director de orquesta Enrique González Mantici y primero se llamó Habana Riverside.

Más tarde perdió el primer nombre. Luego la dirigió Antonio Sosa y finalmente pasó a la conducción del saxofonista Pedro Vila, que fue cuando alcanzó mayor popularidad, en gran parte gracias al cantante Tito Gómez que la elevó a la cima del éxito en 1953 cuando grabó Vereda Tropical, del compositor mexicano Gonzalo Curiel, y un novedoso arreglo en tiempo de cha cha chá de su compatriota Rafael de Paz. A partir de ese feliz momento, la orquesta tuvo un renacer tanto en grabaciones como en bailes, cabarets, la radio y la televisión, así como en presentaciones fuera de Cuba.

Como un dato curioso diremos que fue la Riverside la primera orquesta que, en 1950, se presentó en televisión.

Ahora bien, volviendo al Mambo, tenemos que tanto Pedro Vila como el pianista y arreglista de la orquesta, Pedro Justiz “Peruchín”, crearon un estilo muy personal, novedoso, que conquistó a los bailadores y melómanos.

Los coleccionistas de discos, o simplemente los que gustaban del mambo, adquirían las piezas de Pérez Prado al igual que las de la Riverside, para bailar en las casas y en los festejos de cumpleaños o aniversarios.

Asimismo, el programa La pausa que refresca —que auspiciaba la Coca Cola en la emisora CMQ—, se convirtió en un excelente difusor de esta orquesta al presentarla en su espacio con cierta regularidad, la cual la convirtió en la favorita, sobre todo en los jóvenes que escuchaban radio en todo el país; mientras que el Estudio 2 de Radio Centro, donde hoy está instalada la sala de grabaciones discográficas “Sonocaribe”, se atestaba de jóvenes —sobre todo estudiantes— a la hora en que salía al aire este programa los domingos a la una de la tarde. Recordemos que en ese tiempo, en los alrededores de la Universidad de La Habana, se encontraban muchas casas de huéspedes que albergaban a estudiantes del interior del país que tenían como entretenimiento gratuito las presentaciones en vivo de los programas que se transmitían en la CMQ. Otras emisoras habaneras mantenían también esos espacios, que con el tiempo y con el avance de las modernas técnicas de grabación se perdieron del todo.

Entre los grandes éxitos de la Orquesta Riverside en aquellos tiempos recordamos los mambos titulados Mamey colorao y Mambolandia, del creador Pedro Justiz, Peruchín, considerado como uno de los más grandes orquestadores y pianistas de la música cubana. También tuvieron mucho éxito Mambo en España, de Ramón Márquez, Guempa, de Bebo Valdés y el discutido Mambo a lo Kenton, de Armando Romeu, así llamado en honor al jazzista norteamericano Stan Kenton y que posteriormente fue grabado por Pérez Prado, el cual tuvo la osadía de inscribirlo a su nombre. Pienso que él no tenía necesidad de esto, ya que su fama estaba consolidada con sus geniales creaciones.

Una innovación que llama mucho la atención en la Riverside es la sustitución de la paila por un instrumento de percusión utilizado en la música norteamericana y que en Cuba le llaman “drum”, consistente en un conjunto de instrumentos integrado por un bombo de pedal, un redoblante, varios tambores de registro grave al cual se les llama “ton ton”, un platillo de pedal y otros platillos como elementos percutidos. Cuando la orquesta acometía un pasaje determinado por el ritmo y avisado por el director, el músico a cargo del “drum” —al que llamamos baterista, y a veces “drummer”—, comenzaba a tocar, realizando improvisaciones que provocaban un entusiasmo enorme en los bailadores. Esta fue la primera vez que el “drum” se incorporó a una  jazz band cubana para interpretar sones, guarachas y, sobre todo, mambos.

Recordemos que el músico a cargo de este instrumento fue Edgar Díaz, casi olvidado, que estudiaba medicina y se convirtió luego en músico profesional. Cuando llegó la época del cha cha chá, cambió el “drum” por la paila, donde también hizo gala de su virtuosismo.

Hace poco se dio la noticia de que en Estados Unidos se había fundado una orquesta con el nombre de Riverside, como si en Cuba esta agrupación musical no existiera, lo cual fue desmentido categóricamente con la presentación de la actual Riverside, que cuenta con el mismo repertorio de antaño pero enriquecida con valores nuevos surgidos de las escuelas de arte fundadas por el gobierno revolucionario.

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