Federico Arístides Soto Alejo (Tata Güines)

Federico Arístides  Soto Alejo (Tata Güines)

Nació en Güines, La Habana el 30 de junio de 1930 y falleció, en su pueblo natal, el 4 de febrero de 2008. Músico de origen cubano de gran popularidad nacional e internacional, se ligó a los instrumentos de percusión, especialmente a la tumbadora, conocido artísticamente por el sobrenombre de Tata Güines. Es considerado en Cuba el rey de los tambores, tumbador por excelencia, intérprete clásico de la rumba y la conga sin parangón.
Nace en el seno de una familia de músicos. Hijo de de Joseíto "El tresero" y de la Niñita, que desde muy pequeño solía tocar una caja de limpia botas en la esquina de la Capilla de Santa Bárbara, en el legendario barrio de Leguina, donde tanta congas y bembés se han hecho y se seguirán disfrutando.
Se formó como músico entre los tambores y las fiestas religiosas de su barrio, adoptó su apodo de pequeño: el Tata, y como apellido el del pueblo que le vio crecer. La música la trajo en la sangre: su padre y sus tíos hacían música con los cueros.
Fue ejecutante del contrabajo en el conjunto Ases del Ritmo. Formó parte del grupo Partagás, dirigido por su tío Dionisio Martínez, y posteriormente fundó la orquesta Estrellas Nacientes, y actuó con la orquesta Swing Casino, de Güines.
En 1946 actúa en su pueblo natal con el Conjunto de Arsenio Rodríguez. En 1948 se traslada hacia La Habana, donde fue miembro de las orquestas La Nueva América, de Pao Domini; la del Havana Sport de José Antonio Díaz, Unión, de Orestes López; Belisario López, La Sensación, y en 1952 ingresa en Fajardo y sus Estrellas, con la que en 1956 viaja a Nueva York.
Integró Los Jóvenes del Cayo, con el que se presentó en la radioemisora La Voz del Aire; después actúa con los conjuntos Camacho y Gloria Matancera. Acompañó como bongosero al trío Taicuba, y trabajó con Guillermo Portabales, Celina y Reutilio, y Ramón Veloz. Participó, junto a Chano Pozo, en la comparsa Los Dandys de Belén; además, Los Mosqueteros del Rey, Los Mambises y Las Boyeras.
Grabó con Arturo O’Farrill (Chico) y con Cachao y su Ritmo Caliente, Frank Emilio, Guillermo Barreto, Gustavo Tamayo y otros. Formó parte del Quinteto Instrumental de Música Moderna (después Los Amigos), dirigido por el pianista Frank Emilio; Guillermo Barreto, timbal; Gustavo Tamayo, güiro; Israel López (Cachao) y Orlando Hernández (Papito), contrabajo.
En 1955 viaja a Caracas, Venezuela, para participar en los carnavales de esa ciudad. Viaja a Nueva York con la orquesta de Fajardo y sus Estrellas, con la que actúa en el Palladium, en donde coincide con Machito y sus Afro-Cubans y con Benny Moré, a quien acompaña con la tumbadora; también se presentó en el hotel Waldorf Astoria, donde trabaja por vez primera como solista.
Preparó un espectáculo y comparte el escenario con Josephine Baker, Frank Sinatra, Maynard Ferguson y Los Chavales de España, con los que graba la pieza "No te puedo querer".
En el Birdland o el Metropolitan, alternaba con Dizzy Gillespie, Ferguson, Chico Hamilton…
En 1960 regresa a Cuba. En 1964 funda Los Tatagüinitos. Ofrece un concierto con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Manuel Duchesne Cuzán, con la que interpreta su obra Perico no llores más. Acompañó al guitarrista y compositor Sergio Vitier en su obra Ad Libitum, que bailaron Alicia Alonso y Antonio Gades.
Realizó giras por California, Chicago, Miami, Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Colombia, México, Martinica, Montecarlo, Suiza, Bulgaria, Hungría, donde participó en el Festival de Jazz; Unión Soviética, Finlandia, España.
Fue maestro de maestros de la percusión cubana. Su muerte representa una notable pérdida para la cultura cubana. Nadie como él en esta Cuba —por no decir en el mundo— para hacer de la percusión un arte. Frente a Tata Güines, el cuero del tambor parecía la más delicada y costosa seda. Él colocaba su ágil mano sobre la curtida piel estirada por el fuego, y con sus uñas conseguía, lo mismo el más triste de los lamentos que la sonrisa más contagiosa. Pocos lo conocían como Federico Arístides Soto Alejo, pero todos sabían que había modernizado las tumbadoras, que era un maestro en eso de colocar los golpes "sueltos" en un tema, como "al descuido", pero que hacían que la pieza no pudiese sobrevivir si le faltaba aquella impronta de quien se dejaba llevar por el ritmo de las claves, por su finísimo oído y por las exigencias de un cuerpo acostumbrado, desde que era casi un crío, a la música.

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